Según la clara afirmación de Rafael Lapesa, en su bien planteada Historia de la lengua española (1981: 133): "el elemento árabe fue, después del latino, el más importante del vocabulario español hasta el siglo XVI". Nótese esta importante distinción de fecha límite, hasta el cambio notable desde el Renacimiento, y que, en relación con el ejemplo léxico que ahora adoptamos de alfar, alfarero, alfarería, también se produjo la innovación erudita, por el humanista Antonio de Nebrija (1444-1522), mencionando un neologismo que se desarrollará en competencia: keramiké, que acabará fortaleciéndose como "cerámica", según veremos.
Se calcula, y el gran filólogo Rafael Lapesa lo aprueba en su recién citada referencia, que el árabe aporta en torno al 8% del vocabulario español, es decir unas 850 palabras de etimología identificada, que han derivado en 780 más, además de otros numerosos vocablos de aspecto árabe sin adjudicación precisa, junto con más de mil quinientos topónimos, la mayoría de ellos seguros. Con sus correspondientes derivaciones, pueden incluso superar las cuatro mil palabras, pero los recuentos resultan generalmente parciales, y otros autores estiman que el porcentaje del vocabulario español de origen árabe sube al 17 %, mientras que un 73 % procede del latín. Los arabismos pertenecen a numerosos campos lingüísticos, casi todos los ámbitos de la actividad humana, y entre ellos los oficios y profesiones, artes y productos, como es el caso de alfar, alfarero, alfarería, dentro de un ámbito tan significado como el de los oficios, junto con alarife, albañil, albertar, alfageme, alfayate, entre otros.
Los arabismos, como entes vivos, nacen, crecen, suelen reproducirse en términos derivados, como en el caso que ahora señalamos: alfar / alfarero /alfarería, y pueden envejecer, morir, su uso desaparece, o tienen que compartir su significado con palabras de diferentes etimologías, que suelen ser una árabe y otra latina, como aceite y óleo, aceituna y oliva, alacrán y escorpión... entre otras, con diferentes relaciones y aprecios entre cada uno de estos "sinónimos" o "paralelismos", como es el caso de alfarería y cerámica, con todo lo cual vamos avanzando sobre ambos términos que aquí nos interesan.
FRONTERAS. Los arabismos, que antes aludimos como "entes vivos", tienen sus fronteras, acerca de las cuales abordaremos ahora las temporales, las geográficas y las identitarias.
Las fronteras temporales tendrían que fijar sus primeras documentaciones, y las fechas en que dejan de usarse o documentarse. Los diccionarios etimológicos, como el de J. Corominas y el de J. A. Pascual procuran fijar cronologías, lo cual también puede conocerse a través de diccionarios de la Real Academia Española, sobre todo su Diccionario Histórico. Y existen estudios que clasifican algunos tiempos de los arabismos, por ejemplo sobre los arabismos en el siglo XIII (por E. K. Neuvonen), en la Baja Edad Media (por F. Maillo Salgado), o incluso los introducidos en el siglo XIX, a través del francés (por J. Oliver Asín), entre otras aportaciones que fundamentan considerables aspectos históricos, pues como refleja Rafael Lapesa en el capítulo sobre "Los árabes y el elemento árabe en español", de su antes citada Historia de la lengua española (Pp. 155-156): "La suerte de los arabismos hispánicos ha variado según las épocas. Hasta el siglo XI, mientras la Península estuvo orientada hacia Córdoba, se introdujeron sin obstáculo ni competencia. Durante la Baja Edad Media continúa pujante la influencia arábiga, aunque lucha ya con el latinismo culto y con el extranjerismo europeo. Después se inicia el retroceso: Villalobos, en 1515, censura a los toledanos porque empleaban arabismos con que: 'ensucian y ofuscan la polideza y claridad de la lengua castellana'. Nuevas técnicas, modas e intereses suceden a los medievales, y la cultura musulmana, en franca decadencia, no podía ofrecer nada comparable al espléndido Renacimiento europeo... Muchos términos árabes fueron desechados: alfayate, alfageme no resistieron la competencia de sastre y barbero; el albéitar creyó ganar en consideración social llamándose veterinario".