Los pueblos de la cultura ibera se asentaban en una amplia zona, desde la mediterránea costera de la península Ibérica hasta la azul francesa; siendo sus periodos más fecundos y creativos entre los siglos VI y el II a. C. La romanización, tras un periodo en el que coexistieron ambas culturas, acabó cohesionándola y aculturándola. Estos pueblos conocían la escritura, la moneda, la rotación de los cultivos en barbecho, el torno, etc. Creían en seres fabulosos y bestias protectores de tumbas, como el grifo, el león y el toro.
Desde la aparición del toro orientalizante en 1946 en Porcuna (Jaén) es reseña de centro arqueológico a determinar. Su importancia se afianzó tras los descubrimientos en Cerrillo Blanco: más de 1.486 fragmentos de escultura del s. V a. C. dispuestos en 27 grupos escultóricos de gran calidad técnica y enorme dificultad simbólica, con escenas de caza, de fecundidad, lucha de guerreros con seres mitológicos, lucha entre guerreros y de animales entre sí; además de referencias a los antepasados, oferentes, animales de sacrificio, etc. que fueron destruidas violentamente y enterradas en zanjas alrededor del túmulo funerario a finales del s. V o principio del IV a. C.
Los conjuntos de Porcuna manifiestan un alto grado de capacitación técnica en su diseño y ejecución. Son productos de una larga tradición escultórica. Su dificultad es ostensible ya que muchos conjuntos como el del guerrero alanceando al enemigo son tratados desde un punto de vista arquitectónico, no escultórico.
Lo más destacado de las producciones iberas es su enorme preocupación por la medida, por el diseño y por el afianzamiento de un lenguaje escultórico propio. La temprana aparición y uso de este lenguaje, ya en época orientalizante, demuestra la existencia de códigos visuales que marcaron el arte de la talla hasta la presencia romana y sus nuevos métodos y cánones, que romperá esta tradición.
Para llegar a estas formas proporcionales el artesano ibero debió manejar técnicas y recursos de naturaleza geométrica, como la repetición, la alternancia, el trazado de paralelas, perpendiculares, curvas abiertas y cerradas, espirales simples y dobles, óvalos y enlaces, etc. que también hallamos en elementos ornamentales como zócalos decorativos. Para aplicarlas, emplearían instrumentos rudimentarios de medida, como la cuerda tirante, la cuerda de nudos, vara de medir, etc.