Columnas
Dossier

La trata de esclavos negros hacia Andalucía

Demanda, distribución y negocios durante la Modernidad

MANUEL F. FERNÁNDEZ CHAVES
UNIVERSIDAD DE SEVILLA
La esclavitud era una institución conocida en Andalucía y en toda Europa desde tiempos muy remotos. Los esclavos negros de origen subsahariano eran habituales en todo el Mediterráneo, estando presentes en ciudades como Génova, Florencia, Palermo, Barcelona, Valencia, Granada, Málaga, Sevilla... y llegaban por las rutas que desde el África al sur del río Senegal subían hasta el Sáhara y lo recorrían de Este a Oeste, siendo puertos de salida de estos esclavos Ceuta, Túnez y especialmente la zona de las montañas de Barca (actual Libia). Los esclavos negros coexistieron con los esclavos musulmanes producto de la guerra contra el Islam granadino o norteafricano y también con los esclavos procedentes del Este de Europa (circasianos, abjazos, armenios, etc...), que traían los tratantes genoveses y venecianos y que eran capturados por los khanatos de Crimea y Astrakán. En Sevilla existió un impuesto denominado "renta de moros y tártaros" que gravaba las compraventas de esclavos de aquel origen, siendo la mayoría de ellos blancos o con un color moreno de piel. La llegada de los esclavos europeos se vería drásticamente reducida con la conquista de Constantinopla por parte del sultán otomano Mehmed Il en 1453, que reordenó los flujos de comercio entre el Mar Negro y la Europa central y occidental. Justo en ese momento comenzó a crecer la trata de esclavos negroafricanos, que conoció un auge nuevo conforme las exploraciones portuguesas de la costa atlántica africana se afianzaban en el siglo XV, creándose una nueva ruta de llegada de estos esclavos por vía marítima, siendo célebre el primer desembarco de un contingente de esclavos negroafricanos en 1444 en Lagos (Algarve). Así, a finales del siglo XV la exploración portuguesa se había consolidado y se habían establecido varias rutas de comercio en África que vinculaban sus distintos puertos y espacios comerciales entre sí y con Portugal y los reinos peninsulares. Con el asentamiento en el archipiélago de Cabo Verde (146o), las islas de Santo Tomé y Príncipe (1470 y 1471) y la construcción en la actual Ghana del castiIlo de San Jorge de la Mina (1482), los portugueses dispusieron de plazas de comercio con el continente africano en cuyos tratos comerciales se insertaron, aprovechando su dominio de las rutas marítimas de larga distancia para surtir a los distintos pueblos africanos de mercancías provenientes de todo el mundo y conectar áreas políticas y económicas entre sí. Muy pronto se produjo la penetración portuguesa en las actuales Angola y Congo, que se consolidaría parcialmente con la fundación de Luanda (1576), que multiplicó las posibilidades de obtener esclavos con las guerras sostenidas por los portugueses en la zona.
ESCLAVOS (SIGLOS XV-XVII)

Aunque cada vez está mejor estudiada por los historiadores, la presencia de esclavos negros en Andalucía dista mucho de ser conocida por el gran público. Estuvieron presentes en todos los estratos sociales y fueron especialmente valorados frente a esclavos de otras procedencias. A partir del siglo XV fueron cada vez más frecuentes en las calles, campos e interiores domésticos andaluces, desarrollando todo tipo de trabajos y desempeños. Su llegada cada vez más intensa dependió fundamentalmente de las redes comerciales portuguesas y cubrió una demanda creciente de mano de obra esclava tanto en las ciudades costeras como en el interior andaluz, dando lugar con el tiempo a un fenómeno de mestizaje cultural y biológico.

Detalle del cuadro La cena de Emaús, también conocido como La mulata.
Óleo de Velázquez (c. 1618-1622).

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Comenzó a partir de los años 60 y 70 del siglo XV una introducción de esclavos negroafricanos que venían a llenar parcialmente el vacío dejado por los esclavos de la Europa del Este, cuyo flujo se cortó en gran medida con la caída de Constantinopla. Estos esclavos alcanzaron los centros donde la demanda de estas personas había venido siendo fuerte, como Génova, Barcelona, Valencia, Granada, Málaga, Cádiz, Gibraleón, Ayamonte, Sevilla y Lisboa, convirtiéndose esta última ciudad en una verdadera metrópolis en la que los productos africanos compartían espacio con los asiáticos y del Norte de Europa, y en la que la población esclava llegó en el siglo XVI al 10 % del total, siguiéndola muy de cerca Málaga (10%) Ayamonte (8%) o Sevilla (7,4%). Si bien los portugueses dominaron los espacios geográficos en los que se capturaban los esclavos, ello no significa que no participaran en sus expediciones mercaderes y capitales de otras procedencias, especialmente andaluces, y también italianos. De entre los motivos que sostenían la posibilidad de esclavizar a otra persona, se encontraba la "guerra justa", que se hacía contra el infiel y aquellos que no aceptasen la predicación del Evangelio. Papas como Calixto III o Sixto IV refrendaron con sus bulas la esclavización de los distintos pueblos africanos por mano de los portugueses en el siglo XV. Pese a ello, a muchos contemporáneos quedaba claro que con esta actividad se espoleaban los enfrentamientos entre los pueblos africanos para conseguir mercancías y una posición preeminente en sus respectivos escenarios políticos, y se dudaba de la licitud de la esclavización de aquellos seres humanos, si bien durante buena parte de la Edad Moderna no se llegó a condenar explícitamente la trata. La gran afluencia de esclavos de color negro en Andalucía se produjo aproximadamente entre 1470 y 1640, y conoció dos limitaciones fundamentales: la primera, la competencia con los precios pagados en América, mucho más altos, que hacían más atractivo enviar los esclavos hacia el Nuevo continente, tendencia afianzada ya en los años 30 y 40 del Quinientos. Y la segunda, la separación de Portugal de la Monarquía Hispánica en diciembre de 1640, que cortó buena parte de los flujos de entrada de esclavos negros, solo restaurados parcialmente después del Tratado de Lisboa de 1668, que puso fin a las hostilidades con la Monarquía Hispánica.
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