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La esclavitud y el trabajo forzado al servicio del rey

Remar, servir y vivir en las galeras en el siglo XVI

TERESA PELÁEZ DOMÍNGUEZ
UNIVERSITAT DE VALÊNCIA
El siglo XVI significó un cambio en cuanto al uso de grandes contingentes de personas en trabajo forzado en las monarquías de la Europa occidental. El cambio a la visión utilitarista del castigo y las penas llevó a usar la mano de obra de los condenados por ciertos delitos. En el pensamiento europeo se establecía con fuerza la idea, no nueva, de que el trabajador convicto era una buena opción para desarrollar las estructuras de las nuevas monarquías dinásticas. Además, aunque el trabajo forzado —esclavo y convicto— ya existió en la Antigüedad y no desapareció durante la Edad Media, las experiencias coloniales habían llevado a emplear la mano de obra forzada de las sociedades indígenas -tomando formas como la encomienda— y la de un tráfico de esclavos subsaharianos que empezaba a desarrollarse con fuerza por parte de las potencias ibéricas y que había inundado sus mercados de mano de obra esclava. Por tanto, no se puede entender el uso del trabajo convicto y esclavo en el siglo XVI de manera separada, ya que fueron fenómenos simultáneos y que se influyeron mutuamente. De hecho, en el ámbito que nos ocupa, no solo confluyeron temporalmente a escala global, sino que lo hicieron en un lugar muy concreto: las galeras. CONSEGUIR REMEROS FORZADOS. A principios del siglo XVI, los cuerpos de remeros estaban formados, en su mayoría, por hombres asalariados. Pero ya desde el siglo anterior, primero, en la Corona de Aragón y, con Fernando el Católico, en la de Castilla, se fueron aprobado disposiciones reguladoras para conmutar las penas de algunos delitos por las galeras. A la vez que se desarrollaba la condena a galeras, los bancos de remo empezaron a llenarse con esclavos cautivados en la guerra del corso en el Mediterráneo, que quedaban como propiedad del monarca. De hecho, la escuadra de Caleras de España nació durante el conflicto de la Monarquía Hispánica contra el Islam a principios del siglo XVI. Una vez los Reyes Católicos conquistaron Granada, la pugna contra las potencias musulmanas, lejos de acabarse, se trasladó al otro lado del estrecho de Gibraltar, donde los Reyes Católicos y sus herederos tuvieron proyectos expansionistas. A la vez, el Imperio Otomano iba tomando territorios en el Mediterráneo oriental. En consecuencia, el mar constituyó un espacio de frontera entre estos dos conglomerados políticos en conflicto, deviniendo un espacio de batallas y violencias, aunque también de cohesiones y necesaria comunicación con el enemigo. Aquí, las escuadras de galeras del rey tuvieron por objetivo proteger las costas de la monarquía, el comercio y las comunicaciones de los corsarios y otros posibles asaltantes. Por tanto, a bordo de esos navíos convivieron tanto sujetos castellanos, aragoneses y de otros territorios europeos que el rey condenó a servir en las galeras, como prisioneros de guerra cristianos (que si cautivados en corso, también se forzaban a remar en las galeras), y esclavos (cautivados y esclavizados en el Mediterráneo, o, más puntualmente, comprados en los mercados esclavistas). El recurso a hombres asalariados se mantuvo de manera ocasional, siempre que las necesidades al remo y la disponibilidad de dinero para pagar sus sueldos lo permitieran. Ahora bien, ¿cómo gobernó la Monarquía todo este contingente de remeros forzados, dependientes del rey, y a su servicio, en las escuadras?
ESCLAVOS (SIGLOS XV-XVII)

La Monarquía Hispánica en la Edad Moderna basó su armada en escuadras de galeras. Estos navíos tuvieron una necesidad fundamental: remeros. Para conseguirlos, el rey no solo arbitró que la pena de ciertos crímenes fuera el servicio en galeras, también usó esclavos de su propiedad para ello. Así, condenados y esclavos conformaron mayoritariamente las chusmas de estas galeras. Por ello, la Corona desarrolló, en este marco, los mecanismos para su gobierno y vigilancia que trataron de encuadrar las vidas de estas gentes.

Cuatro esclavos turcos a los pies de Fernando I de Medici, Monumento realizado por Pietro Tacca (1623) en Livorno.

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ENCERRAR, ALIMENTAR, VESTIR, CURAR. La cuestión central en cuanto a esta mano de obra forzada en las galeras es que estaba bajo la jurisdicción del rey: eran condenados por su justicia o esclavos de su propiedad. Eso implicó diversas cuestiones en la logística de la armada y, por tanto, en las condiciones de vida de estas gentes. Encerrar a los forzados en las ciudades y puertos mientras esperaban a las galeras fue uno de los primeros retos logísticos. Las cárceles de Sevilla, Málaga, Puerto de Santa María y Cartagena se erigieron como centros de recepción de las cadenas de forzados que llegaban de distintos puntos de la península. Cuando por allí pasaba la escuadra, entonces, en principio, se embarcaban. Sin embargo, estas cárceles estuvieron constantemente desbordadas y sus alcaides elevaron frecuentes quejas a los consejos de la monarquía reclamando el dinero para el sustento de esos condenados y esclavos. Así, se intentaron arbitrar nuevas soluciones para su encierro, aunque todas fueron temporales: se trató de ampliar las cárceles o habilitar otros espacios, como la Casa de la Munición del rey en Cartagena o la Alcazaba de Málaga. En realidad, los alcaides de las cárceles se quejaban porque, debido a que los forzados eran del rey, la corona tenía que hacerse cargo de su cuidado, dándoles una ración determinada y una ropa suficiente por medio de sus oficiales. El problema, sin embargo, fue el fraude en las provisiones y las limitaciones materiales de una escuadra que no siempre tuvo la capacidad de mantener a sus tripulaciones bien vestidas y alimentadas. Aquí, los centros logísticos de la escuadra en la costa andaluza (Puerto de Santa María, Cádiz, Gibraltar o Málaga), pero también Cartagena o Barcelona, fueron puntos clave para el avituallamiento de las ropas y el alimento para todas las tripulaciones y, en particular, para los remeros. Esto era una cuestión fundamental en la política real, y repetida en sus demandas a los oficiales de las escuadras, pues sin unos remeros en buenas condiciones, las galeras no podrían funcionar.
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