La evolución geomorfológica de la desembocadura del río Guadalquivir ha mantenido una estrecha e indisoluble relación con la historia de Sanlúcar. Conocer la geohistoria de esta singular broa es aproximarse también a comprender el desarrollo urbano y territorial de la propia ciudad, cuya dinámica de crecimiento se ha visto condicionada por un medio físico cambiante. El análisis de estos aspectos es extraordinariamente complejo, en cuyo estudio, además, se debe tener en consideración la acción humana como un factor importante en la modificación del paisaje. Conocedores de esta complejidad, invitamos al lector a que, para profundizar en el tema, consulte los trabajos de carácter geohistórico del investigador francés Loïc Ménanteau.
Precisamente, gracias al planteamiento metodológico de Ménanteau, que combina el análisis geomorfológico con el estudio comparativo de la cartografía histórica, se puede observar la evolución de algunos de los cambios en la fisonomía del entorno. Nos interesa traer aquí uno de esos cambios: el continuo retroceso que sufrió la orilla con respecto a la ciudad. Este proceso, detectado al menos desde el siglo XV, culminó con la enarenación de la ensenada natural de Sanlúcar. Uno de los elementos decisivos para el culmen de este proceso fue la construcción del muelle de la Riza a finales del siglo XVII. La consecución de esta colosal obra provocó una serie de alteraciones en el medio físico que, en el transcurso de pocas décadas, acabó generando la formación de un amplio espacio dunar frente a la ciudad. Este hecho, valorado a mediados del siglo XVIII como un fenómeno negativo, acabó convirtiéndose a la postre en un factor enormemente decisivo para el desarrollo económico y social de la ciudad. Concretamente, el surgimiento de estas nuevas tierras, que podríamos estimar en unas 150 hectáreas, permitió el crecimiento agrícola y la posterior expansión urbana, pero, ¿cómo se originó todo este proceso?
EL CONFLICTO DE LA BARRA. En 1932, el francés Albert Girard publicó una monografía titulada La rivalidad comercial y marítima entre Sevilla y Cádiz hasta finales del siglo XVIII. A modo de síntesis, Girad expuso que, durante la segunda mitad del siglo XVI y la primera mitad del siglo XVII, se comenzó a sopesar la idoneidad de trasladar a Cádiz el centro gestor del comercio de la Carrera de Indias. De forma reiterada, el argumento principal para prescindir de Sevilla como sede comercial era la peligrosidad de la barra de Sanlúcar. El naufragio de una nave, o de una flota completa, fue una trágica realidad durante todo el siglo XVII, con un desastroso balance que tuvo una influencia decisiva en este conflicto comercial. A este respecto, se puede consultar el discurso que hizo el conde de Villalcázar en 1675 donde se recogían detalladamente los naufragios que se sucedieron en la barra entre 1622 Y 1668.