Columnas
Editorial

Filias y fobias en la historia

JOSÉ ANTONIO PAREJO FERNÁNDEZ
DIRECTOR DE ANDALUCÍA EN LA HISTORIA
Viajar al pasado puede ser una de las tareas más placenteras que puedan practicarse. Basta dar una vuelta por las buenas librerías para comprobarlo. En Palas, por ejemplo, el escaparate es un espectáculo: Peregrinos de la belleza, de María Belmonte; Bajo la sombra del Vesubio, de Daisy Dunn; Homo Viator, de Pepe Pérez-Muelas son algunos títulos con los que pasar unas agradables tardes este verano. Con los libros podemos forjar una amistad en la distancia y en el tiempo; especialmente cuando se tratan de diarios o memorias: el de Hélène Berr o las de Amos Oz, tituladas Una historia de amor y oscuridad, es un retrato de su familia y del pasado de Europa conmovedor. Con la historia se disfruta, se aprende, se piensa y se sufre. Por eso es tan importante que los maestros introduzcan a los niños en el ayer sin prejuicios y se abstengan de inculcarles posicionamientos personales. Si lo hacemos, los arrastrarán durante mucho tiempo y nadie debe impedir que cada generación descubra el pasado y saque sus propias conclusiones.
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Uno de los requisitos para conseguirlo es la humildad; garantía para valorar trayectorias apasionantes como las de Plinio el Joven, retratada por Daisy Dunn, o para sumergirnos en las etapas más difíciles de la Humanidad. Pablo d'Ors, en su Biografía del silencio, nos llama a "no imponer a la realidad mis propias filias o fobias, a permitir que esa realidad se exprese y que pueda yo contemplarla sin las gafas de mis aversiones o afinidades". Un ejercicio difícil de ejecutar. Y, sin embargo, debemos esforzarnos: "estamos tan lamentablemente apegados —prosigue d'Ors— a nuestros puntos de vista que si pudiéramos vernos con cierta objetividad sentiríamos vergüenza y hasta compasión por nosotros mismos". Pablo d'Ors sabe de lo que escribe. "Desde mi presente no puedo condenar a quien fui en el pasado por la sencilla razón de que aquel a quien ahora juzgo y repruebo es otra persona. Actuamos siempre conforme a la sabiduría que tenemos en cada momento, y si actuamos mal es porque, al menos en ese punto, había ignorancia. Es absurdo condenar la ignorancia pasada desde la sabiduría presente". Sabias palabras de Pablo d'Ors, fundamentales para enseñar. Todos los años, los profesores de historia se enfrentan a las preguntas de sus alumnos cuando explican los crímenes de Lenin o Hitler. El interrogatorio al que nos someten se convierte en uno de los ejercicios intelectuales más apasionantes. Nos preguntan porque buscan razones para combatir la injusticia. Vuelven una y otra vez sobre lo mismo porque se resisten a admitir que millones de personas acogieron voluntariamente, en sus mentes y almas, los fundamentos del mal. Cuando respondemos, y lo hacemos bien, les abrimos la puerta a la realidad, a la de entonces y a la actual. En ese momento empiezan a comprender; a darse cuenta de que muchas de aquellas barbaridades, que hicieron espantoso al siglo XX, siguen entre nosotros. Si sosegamos sus inquietos espíritus, si con paciencia recomponemos la fotografía de nuestros ancestros sin ocultar datos y detalles aprenderán a sacar sus conclusiones y algo de un valor incalculable: también reconocerán el sufrimiento de las víctimas, valorarán la valentía de los que resistieron, comprenderán las motivaciones de los que se equivocaron y, lo más importante, entenderán el precio tan alto que nuestros antepasados tuvieron que pagar para que triunfasen el humanismo, la libertad y la convivencia. Una formación necesaria para valorar las libertades y los valores que nos legaron. En este dosier encontrarán un buen ejemplo de todo esto. Un plantel de investigadores de primer nivel que nos van a llevar a una de las realidades más duras que ha conocido la Humanidad: la esclavitud.
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