El trabajo esclavo en Andalucía no ha sido visible para la sociedad en general. Los estudios se han centrado en otros aspectos, como la composición y el valor de mercado. La documentación más utilizada, las actas notariales, contiene pocas referencias. En realidad, los esclavos eran trabajadores polivalentes, cuyas funciones serían todas las que quisiera el propietario, en la ciudad como en el campo. Una fuente documental a la que no se había prestado mucha atención hasta hace poco arroja nueva luz sobre el tema: las ordenanzas municipales.
En las ciudades, los concejos tenían que garantizar el orden público y la salubridad. Los esclavos no eran ajenos a la gestión de residuos y la limpieza. En Sevilla (1461) se prohibió a los esclavos que echaran estiércol por los muladares porque afectaban a las murallas. Hay disposiciones similares en Jerez de la Frontera (1511), Cartaya (1512), Ecija (1523) y Moguer (1538), que señalan cómo la población esclava, igual que otros habitantes de la ciudad, tiraba la basura en los lugares indicados y fuera de ellos, por las calles y muros, sabiendo que contravenían la normativa municipal porque lo hacían de noche.
Otra actividad ligada al ámbito doméstico era el abastecimiento de agua. Para ello había que acudir a las fuentes. Sin embargo, las aglomeraciones podían derivar en desórdenes, por lo que a veces se restringía el acceso de la población esclava, como ocurría en Baeza (1524). Entre las funciones domésticas más comunes estaba la elaboración del pan. Los esclavos lo amasaban y también lo vendían de modo particular, produciéndose fraudes tanto en el peso como en el precio, como se denunciaba en Malaga (1556). Otros trabajaban a las órdenes de los panaderos, como en Castril (1560).
En la Andalucía del Renacimiento está ampliamente constatada la mano de obra esclava en el artesanado. Con frecuencia, los artesanos tenían el taller de trabajo junto a la casa, de modo que las tareas propias del oficio se mezclaban con las domésticas. Podía abarcar cuestiones sencillas como encender y mantener el fuego, pero también otras que requerían cierta habilidad, como ocurría con los textiles. De esta manera, muchos individuos esclavizados aprendieron un oficio junto a los artesanos que los habían comprado o recibido, bien en alquiler, bien cedidos para servirse de ellos en sus talleres.
En Málaga encontramos multitud de artesanos con esclavos. El gremio más destacado, como en otras ciudades portuarias, fue el de los esparteros. Por ramos en primer lugar destacaban los maestros relacionados con oficios textiles (roperos, sastres, tintoreros, tundidores, cordoneros, traperos, sederos, lineros, toqueros, cardadores, hiladores y tejedores de seda y terciopelo). En segundo lugar, sobresalía el sector del cuero -curtidores, zapateros, correeros y guanteros—, seguido de los trabajadores del metal -cuchilleros, herreros, herradores, cerrajeros, armeros, espaderos— y de otros oficios del sector de la alimentación: carniceros, pescaderos, especieros, aceiteros y harineros.