El rey Alfonso X de Castilla y León ha sido una figura de un protagonismo indudable en los estudios historiográficos. La bibliografía sobre él es abundante, así como el interés actual por desentrañar los matices que la figura de este monarca brinda para el estudio de diversas disciplinas (historia, lingüística histórica, ecdótica e historia del derecho). Este volumen, editado por la Editorial de la Universidad de Sevilla, aporta siete contribuciones que sintetizan el complejo reinado este monarca.
José María Monsalvo Antón (Universidad de Salamanca) nos habla sobre la influencia del predecesor del rey Sabio. Fernando III sentó las bases necesarias para que Alfonso X pudiese levantar su reinado. Con territorio conquistado y sus fronteras pactadas, Alfonso X encontró, en palabras de Monsalvo Antón, “casi todo el trabajo hecho”. En efecto, los radicales logros alcanzados por Alfonso habían sido, en su mayoría, ya proyectados desde el reino de su padre.
A pesar de partir de los fundamentos del reinado anterior y de entroncarse en una línea ideológica ya acuerpada en la Alta Edad Media, Alfonso X forjó de sí una imagen autónoma. Carlos de Ayala Martínez (Universidad Autónoma de Madrid) nos adentra en el discurso político de un rey que consideraba ser heredero de la sabiduría divina y deudor de su difusión entre sus súbditos. Por otra parte, apunta a que el fecho del Imperio, más que una pretensión política, cobra sentido bajo “una concepción política de vocación soberana” de corte universalista, que pretendía ejercer una hegemonía más allá de las fronteras castellanas.
Fue dentro de estas fronteras, donde sí tenía asegurada, hasta cierto punto, la ejecución propia de la auctoritas regia, que el rey Sabio llevó a cabo una encomiable reforma y consolidación administrativa, “eje vertebrador de gran parte de las reformas alfonsíes” como indica Álvaro Sanz Martín (Universidad de Valladolid). Posiblemente desencadenando gran parte de las crisis internas del reino, Alfonso fue desposeyendo a la nobleza de poder, formalizándolo en la corona. En esta misma línea: José Sánchez-Arcilla Bernal (Universidad Complutense de Madrid) argumenta que los pactos regios en las Cortes o Ayuntamientos no formaban parte del sistema político de Alfonso X al considerarse él cabeza de su propio reino, por lo que las reuniones de las Cortes fueron esencialmente silenciadas en sus obras legislativas.
En cuanto a su política de frontera, el libro ofrece la aportación de Rafael Sánchez Saus (Universidad de Cádiz). Como se apuntaba, el hijo del rey Santo desestabilizó el delicado equilibrio con el que su padre procuró la ampliación de sus fronteras, lo que desencadenó, entre otras cosas, una revuelta de la población mudéjar en 1264 que, en última instancia, llevó al declive de su reinado hasta su muerte en Sevilla en 1284. En este contexto, Alfonso X instauró una asertiva política de administración del nuevo territorio y la repoblación cristiana de las tierras gaditanas.