Cabe destacar que la Historia de la salud en Andalucía se remonta a casi los inicios del período medieval. Mucho antes de que se constituyera el concepto de "Andalucía" como tierra de frontera entre el Cristianismo castellano y el Islam granadino, en la provincia visigoda de la Bética, el obispo Isidoro de Sevilla escribe en su obra más reconocida, las Etimologías, acerca de la práctica médica en el Reino Visigodo de Toledo, dando a entender que se seguían utilizando los mismos supuestos de la medicina clásica, siendo imbuidas de la base racional y científica que caracterizó el saber de la Antigüedad. Es incluso más específico en sus descripciones, ya que también menciona que los profesionales de la salud eran retribuidos mediante un contrato hecho con el paciente y su familia donde se estipulaba el precio de sus servicios, y que, en caso de fallecer el paciente a causa de su enfermedad, la familia se reservaba el derecho a no pagar lo acordado.
Tras la victoria de Tariq a orillas del río Guadalete en el 711 frente a las tropas visigodas y la posterior conquista islámica de la península Ibérica, se dio paso a un proceso de orientalización de la sociedad y las instituciones hispánicas, así como el inicio de la tolerancia entre las tres grandes religiones monoteístas. Si bien los muladíes, los conversos al Islam, sumaban cada vez más devotos frente a los cristianos mozárabes, cuyo número no paró de decrecer en todo el período andalusí, es cierto que los primeros no pudieron constituir una mayoría significativa hasta bien entrado el siglo X, más de dos siglos después del asentamiento de la autoridad musulmana en la mayor parte del territorio hispano.
Durante los siglos VII y IX, disponemos de numerosos ejemplos de sanadores mozárabes en la Córdoba de los emires Omeyas que fueron reverenciados por su probada sapiencia farmacéutica, siendo el caso de Hamdin ibn Ubba, quien creó un remedio universal para diversos tipos de males con más de cien ingredientes distintos, y Yawad, el cual elaboró un popular brebaje conocido como el "medicamento de la ermita". De hecho, cabe destacar que el caso más antiguo de farmacia en la península lo encontramos en el sur, ya que sabemos que el primer médico musulmán andalusí, Ibn Habib, nacido en el 796, era hijo de un attar, nombre árabe con el que se conocía a los farmacéuticos y boticarios, de la actual localidad de Huétor-Tajar, en Granada.
Por su parte, la entronización de Abd al-Rahman III y el inicio del período califal nos dio auténticas autoridades en el aspecto de la boticaría y la medicina, como el considerado como "padre de la cirugía moderna", el médico cordobés Abu al-Qasim o Abulcasis, quien, en su ópera magna, el Libro de la práctica médica, legó un catálogo que disponía de una enorme variedad de medicamentos.