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Andalucía en la diana de ETA

La Expo del 92 y la huella del terrorismo

MANUEL ALEJANDRO TALAVERA SANTOS
GRADO DE HISTORIA / UNIVERSIDAD DE SEVILLA

La violencia que durante más de cinco décadas practicó la organización terrorista ETA en España dejó una profunda marca en varias generaciones y condicionó el transcurrir histórico del paso del franquismo a la democracia y su posterior consolidación. Sin embargo, cerca de trece años después de que anunciaran el "cese definitivo de su actividad armada" hay territorios que han de ser estudiados en detalle. Uno de ellos es Andalucía, escenario de alguno de los momentos más importantes de la historia de la banda terrorista.

El conocimiento sobre ETA y la violencia que desplegó tiende a ser parcial y desordenado a medida que avanzan los años. En la memoria queda la trágica madrugada del 30 de enero de 1998 cuando Alberto Jiménez-Becerril y su esposa, Ascensión García Ortiz, fueron asesinados en Sevilla, o el atentado en el que falleció José María Martín Carpena el 15 de julio del año 2000 en Málaga. Sin embargo, otras víctimas de la banda terrorista han quedado relegadas al olvido a causa del paso del tiempo. ETA cometió cincuenta y cuatro atentados en Andalucía y causó trece víctimas mortales entre 1983 y 2008, con momentos de especial intensidad que pusieron a la sociedad andaluza en el mapa del terrorismo de acuerdo a estrategias más o menos concretas de la organización. En total ETA cometió más de 850 asesinatos entre 1968 y 2010. De todos ellos, 379 quedan todavía sin resolver por la justicia y sus responsables ser condenados. Los dos años previos a la celebración de la Exposición Universal de Sevilla en 1992 fue uno de esos momentos destacados que, además, reviste una especial importancia porque Andalucía experimentó, por primera vez, una campaña sistemática de atentados con el objetivo de frustrar los preparativos de este acontecimiento. En 1978, la dirección de ETA decidió emprender una nueva estrategia de acción, la guerra de desgaste, con la que buscaba, a partir de una continua acción terrorista, principalmente contra las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, obligar al gobierno a sentarse a negociar con la banda. En este esquema, la noticia de que Sevilla acogería un evento de tales dimensiones significó una oportunidad de oro para tal objetivo.
ETA emprendió tres estrategias diferentes que estructuran su historia: acción-reacción (1965-1978), guerra de desgaste (1978-1995) y socialización del sufrimiento (1995-2011). Hasta 1990, la comunidad autónoma había sido escenario de cinco atentados distribuidos entre 1983 y 1989 en los que fueron asesinados el médico de la prisión de El Puerto de Santa María, Cádiz, Alfredo Jorge Suar Muro, el 14 de octubre de 1983, y Conrada Muñoz Herrera, ama de casa, el 11 de agosto de 1989 en Montilla. Entre 1990 y 1991 la organización realizó ocho atentados que causaron cuatro víctimas mortales, cifras que muestran una diferencia más que notable en comparación con los años precedentes y que reflejan el cambio operado en los planes de ETA en este territorio. La primera prueba de que existió un interés real por actuar en Andalucía y sembrar el pánico para alterar la futura Expo 92 apareció el 2 de abril de 1990 cuando, gracias a un control policial efectuado por la Guardia Civil en Santiponce (Sevilla), fue detenido Jean Dominique Feron, más conocido como Henri Parot. El líder del comando Argala conducía un coche bomba armado con trecientes kilos de explosivo para atentar contra la Jefatura Superior de Policía de la ciudad hispalense. Cuando los miembros de la benemérita le dieron el alto, este emprendió una huida a pie en la que se produjo un intenso tiroteo hasta que finalmente fue inmovilizado. Con su detención, la Guardia Civil pudo ubicar y desactivar otro coche bomba listo para detonar frente a la empresa aeronáutica CASA, también en Sevilla, y un tercer vehículo ubicado en la céntrica calle Pastor y Landero que pretendían emplearlo para su huida a Francia. ETA envió a Sevilla a su comando más letal para perpetrar una matanza coincidiendo, además, con la víspera a la Semana Santa, que marcó un salto cualitativo en sus actuaciones en comparación con las acciones hasta ese momento llevadas a cabo. Empero, la caída del terrorista argelino no detuvo a la banda en su empeño por frustrar el evento y, el 19 de ese mismo mes, un paquete bomba enviado al comisario de la Expo 92, Manuel Olivencia, hizo explosión en las manos de su secretaria, María del Carmen de Felipe Corisco que sufrió la amputación de su mano izquierda e importantes lesiones en la derecha.
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