Había nacido en Azcoitia en 1582, y las informaciones realizadas en la localidad para su entrada en la Orden de Alcántara, nos detallan el nombre de sus ancestros; gente noble, desde luego, como por otra parte se consideraban la mayoría de los habitantes de aquellas regiones por no haber tenido contactos históricos con moros o judíos, pero sin un elevado nivel de renta, como correspondía a sencillos hidalgos del medio rural.
En 1603, cuando contaba con veintiún años, el joven Tomás, que nunca llevó delante de su nombre el aristocrático apelativo de "don", se embarcó por primera vez y a partir de ese momento y hasta pocos meses antes de su muerte, no dejaría ya las cubiertas de las embarcaciones, donde se desarrollaría la mayor parte de su vida profesional. Hombre valiente y discreto, sabía ganarse el aprecio de sus mandos y fue subiendo por el escalafón. En 1612 se le nombró almirante, es decir, segundo jefe, de la flota de Nueva España. Su alto rango militar lo reforzó en 1618 con su ascenso social a la categoría de caballero de la orden de Alcántara. Por fin, en 1623, con cuarenta y dos años cumplidos, consiguió el generalato, que entonces implicaba el mando supremo de un convoy, y tres años después culminaba su carrera con el nombramiento de capitán general de la Real Armada de la Guarda de la Carrera de Indias, lo que lo convertía en la suprema autoridad militar de las rutas de Americanas, cargo que detentó hasta su fallecimiento en 1632, a la edad de cincuenta años.