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Tan parecidos, tan distintos

¿Qué sabemos y qué no de nuestros primos evolutivos?

ADRIÁN PABLOS
UNIVERSIDAD COMPLUTENSE DE MADRID Y UNIVERSIDAD DE SEVILLA
Corría el año 1848. En Forbes' Quarry (Gibraltar) apareció un cráneo humano algo diferente a cualquier cráneo humano de la época. Lo presentó E. Flint en las actas de la sociedad científica de Gibraltar. Poco más se dijo entonces en cuanto a la morfología. Antes y después se descubrieron fósiles similares. Engis 2 (Lieja, Bélgica), encontrado y descrito por P.C. Schmerling en 1829, era el cráneo fragmentario de un niño de entre 3 y 5 años de edad de muerte. Parecía anómalo con una frente orientada hacia atrás y un reborde óseo sobre las órbitas oculares. La singularidad del hallazgo, y que se trataba de un individuo inmaduro, hicieron que no se entendiera su significado y relación con la historia de nuestra especie. Años más tarde, en 1856, en una cantera del valle de Neander en un antiguo desfiladero del río Dussel (Dusseldorf, Alemania), mezclados con barro, se descubrieron huesos de un esqueleto humano (véase imagen pág. 13). Se trataba de la pequeña cueva de Feldhofer (Kleine Feldhofer Grotte). Los huesos llamaron la atención por su apariencia humana. Pero también presentaban diferencias que se asociaron con extrañas patologías y dolencias que habría sufrido el individuo. Los restos fueron descritos por J. C. Fuhlrot y H. Schaaffhausen en 1857 en la Asamblea General de la Sociedad de Historia Natural de la Prusia Renana y de Westfalia. No fue hasta 1864 cuando W. King le dio nombre de especie; Homo neanderthalensis (humano del valle de Neander). Aún en el siglo XXI se sigue estudiando el material de Feldhofer aportando nuevos restos asociados a este esqueleto e información relacionada con el primer neandertal nombrado. En 1866, en el yacimiento de Le Trou de la Naulette (Bélgica) E. Dupont encontró un fragmento de mandíbula asociado a faunas extintas en un contexto estratigráfico preciso. No presentaba dientes asociados, aunque sí unos alveolos dentales bastante grandes. Una de las características que más llamó la atención fue la ausencia de mentón o barbilla. Todos estos restos pertenecen al grupo neandertal. Por entonces, C. Darwin estaba escribiendo su tratado sobre el origen de las especies, que finalmente publicó en 1859. Darwin estableció entonces la revolucionaria teoría evolutiva de la selección natural en la que se basan la mayoría de los estudios de biología y paleontología. Poco mencionó Darwin entonces sobre la evolución y el origen del hombre (y la mujer). Apenas escribió una frase al respecto: "Light will be thrown on the origin of man and his history" (Se arrojará luz sobre el origen del hombre y su historia). En 1871 Darwin publicó su segundo libro, ahora sí, sobre el origen del hombre y la selección en relación al sexo. Todo esto, junto con otros hallazgos neandertales en Europa y Oriente Medio, dieron la oportunidad a la sociedad del siglo XIX, casi sin saberlo, de asistir al nacimiento de la paleoantropología. O, lo que es lo mismo, los estudios sobre la evolución humana, el estudio de nuestros orígenes. Mucho hemos aprendido sobre esta especie y sobre la evolución humana desde estos primeros descubrimientos, incluyendo la descripción de decenas de especies de nuestro linaje y separadas del de los chimpancés. Sin embargo, la comunidad científica del siglo XXI es consciente de que aún queda mucho por conocer. De ahí que no se deje de buscar e investigar quiénes fueron esos humanos hoy extintos con los que compartimos no solo un mismo periodo de tiempo sobre la tierra sino también muchas características morfológicas, culturales y sociales. En estos casi 200 años de historia de esta especie se ha establecido que los neandertales son nuestros "primos evolutivos" con los que compartimos un antepasado común.
NEARDENTALES

Los neandertales se corresponden con una de las diversas y enigmáticas especies humanas que coexistieron y convivieron con poblaciones arcaicas de nuestra especie; Homo sapiens. Los neandertales son aquellos humanos que tantas pasiones levantan todavía hoy en día, casi 200 años tras el descubrimiento del primer ejemplar neandertal. Desde aquí se invita al lector a sumergirse en el texto en el que encontrarán algunas cuestiones interesantes relacionadas con la especie Homo neanderthalensis: algunas forman parte de la cultura popular relacionada con la Prehistoria; otras, sin embargo, son de rabiosa actualidad, e incluso duramente debatidas en la comunidad científica.

Arriba, vista actual de la localización de la pequeña cueva de Feldhofer (Kleine Feldhofer grotte). Abajo, esqueleto parcial Neandertal 1, holotipo de la especie Homo neanderthalensis.

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Durante este tiempo el trato que se le ha dado a esta "otra" especie se asemeja a un péndulo. Ha habido épocas en las que, aunque se aceptaba una cierta relación con nuestra especie, la corriente generalizada era considerar a los neandertales como seres simiescos de aspecto rudo y primitivo. Se pensaba que nosotros éramos mucho mejores. Al fin y al cabo, habíamos sobrevivido y ellos se habían extinguido, ya que somos la única especie humana viva conocida en el planeta actualmente. En otros momentos, sin embargo, se les ha asignado características más similares a nosotros. Se ha llegado a plantear que si viésemos a un neandertal con sombrero en el metro de Nueva York, difícilmente seríamos capaces de distinguirle como un individuo de una especie diferente a la nuestra (véase foto pág. 15). Este péndulo ha virado sucesivamente de un extremo a otro en los últimos casi 200 años. La corriente generalizada actual de investigadores se decanta mayoritariamente por esta segunda opción, aunque con matices. Groso modo, los neandertales son considerados una especie con características muy humanas. Pero su anatomía es lo suficientemente diferente como para que alumnos de primer curso de cualquier grado universitario que lo estudie sean capaces de diferenciar un cráneo de Homo sapiens del de un neandertal con un rato de observación y análisis.
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