José Val del Omar nació en Granada en 1904, y desde los nueve años empezó a interesarse por el cinema. Ya debajo de su cama efectuaba proyecciones con ayuda de una lupa y una vela. El genio del cinema le acompañaba desde bien temprano.
La principal incógnita que se me plantea a la hora de afrontar en profundidad la obra de Val del Omar es la de cómo entiende él la realidad. Para comprender su concepción hay que remontarse a la época de las Misiones Pedagógicas de la Segunda República, en las que participó como documentalista y proyeccionista. Realizó más de cincuenta documentales siguiendo el camino de las misiones por todo el país, de los cuales se conservan bastante pocos, desatacando Estampas en 1932. En la lista publicada por Eugenio Otero Urtaza sobre los integrantes de las Misiones Pedagógicas se le define de la siguiente manera: "cineasta y fotógrafo, al que se le deben la mayor parte de las fotografías de las Misiones, y sus películas, hoy en paradero desconocido, insustituibles documentos de la España rural de entonces".
Enseñar a estas zonas, que estaban en menor contacto con la cultura, el poder del cinematógrafo le impactó de buena manera, tanto es así que la faceta documental le acompañará también en su época de madurez, incluso en su Tríptico elemental de España.
Ya siendo conscientes del impacto que la experiencia de las Misiones tuvo en él, podemos seguir ahondando en el concepto de realidad valdelomariana. Al contrario de lo que muchos conocedores de su obra puedan pensar, Val del Omar parte de esa realidad verosímil que todos compartimos, a pesar de que sus obras puedan parecer todo lo contrario. Conzalo Sáenz de Buruaga, yerno y principal difusor de la obra del artista comparte esta visión sobre su punto de partida: "él parte de la realidad, está su gran herencia, que siempre la tiene de la época de la República, de las Misiones Pedagógicas, parte de hechos humanos, de gentes".
Sin embargo, no se limita a revelarnos ante la gran pantalla una realidad verosímil, sino que al partir de ella puede modelarla a su imagen y semejanza. Esta es parte de su magia, al igual que transforma la realidad, su obra cambia al espectador. No se limita a mostrarnos una serie de imágenes captadas a través de su cámara, sino que trata de llevar al espectador hacia una experiencia multisensorial, casi mística. Él mismo denominaba a su misma obra mecamística, la cual definió Vicente A. Pineda en su artículo "Val del Omar: ciencia y conciencia" de la siguiente manera: "una idea filosófica o religiosa, de transmisión emotiva a través de las comunicaciones electrónicas, que se depura y afina". Una mezcla de mecánica y mística, ¿hay algo más valdelomariano?
La experiencia a la que el autor quiere llevarnos no era posible de conseguir con las herramientas tradicionales cinematográficas de la época; pero esto no supone un problema para nuestro protagonista. Como hemos mencionado en la introducción, una de sus principales cualidades es la de inventor, esto se debe a que Val del Omar, además de director de sus propias películas, era creador de los aparatos con las que las realizaba. Tanto es así que una de las herramientas que tanto frecuentamos hoy en día es creación suya: Val del Omar es el creador de la óptica de ángulo variable, también conocida como zoom.
A lo largo de su vida llevó a cabo numerosas investigaciones y desarrolló aparatos que le ayudaron a dar forma a su idea, ya lo decía él: "la idea creaba la técnica". Las más conocidas se recogen en su obra más reconocida: Tríptico Elemental de España.