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Pedro Virgili: fundador del Real Colegio de Cirugía de Cádiz

Cirujano, marino y hombre ilustrado

AVELINA BENÍTEZ BAREA
ARCHIVO HISTÓRICO PROVINCIAL DE CÁDIZ

La figura de Pedro Virgili emerge en el Cádiz de la Ilustración como el principal artifice de uno de los proyectos más emblemáticos para la ciudad en el siglo XVIII, cuya importancia no se circunscribe solo al momento y al lugar en el que se produce, sino que su trascendencia es mucho mayor, pues marcará un antes y un después en el panorama médico español, iniciando una profunda renovación que lo transformará radicalmente. Nos referimos a la fundación del Real Colegio de Cirugía de Cádiz, hito que se enmarca en el contexto de innovación y progreso que caracteriza al "Siglo de las Luces"

Nacido en Villalonga del Campo, Tarragona, en 1699, y procedente de una familia de agricultores, Virgili estudió cirugía bajo la tutela del cirujano Gabriel Riera, tras lo cual ingresó en el Ejército, siendo destinado a los hospitales de Tarragona y Valencia, sucesivamente. En 1727, durante el segundo sitio de Gibraltar, tiene lugar un hecho decisivo que marcará su trayectoria futura y su vinculación con la ciudad de Cádiz: su encuentro con Juan Lacomba, cirujano mayor de la Armada, destinado en Cádiz y director del Hospital Real de la ciudad, quien se había propuesto mejorar la formación de los cirujanos de la Armada. Seducido por el ambicioso proyecto de Lacomba, quien, apoyado por el intendente general de la Marina, José Patiño, consiguió crear en 1728, dentro del Hospital Real, un anfiteatro anatómico y una Escuela de practicantes de cirugía, así como promulgar unas nuevas Ordenanzas para los cirujanos navales; Virgili abandonó el Ejército y pasó a la Armada como cirujano primero, trasladándose a Cádiz, donde combinó la labor docente, las tareas asistenciales en su hospital y los obligatorios servicios embarcado en los buques de la flota española, donde conoció "in situ" la organización sanitaria de la Marina y la actividad de sus cirujanos. Al enfermar Lacomba, Virgili fue nombrado su sustituto, y desde esa posición privilegiada inició la profunda reforma de la cirugía española que había imaginado junto a él. Así, en mayo de 1748 presentó al marqués de la Ensenada, su principal valedor, un Memorial en el que señalaba la necesidad de contar con "buenos facultativos" en la Armada, que pudieran también atender a la población civil. Para ello, era necesario crear un Colegio, en el que la enseñanza de la cirugía tuviera un alto contenido práctico y una formación teórica basada en las aportaciones de la ciencia moderna, que contase con un hospital donde poder tratar todo tipo de enfermedades, con un personal docente compuesto por los mejores cirujanos y donde el conocimiento de la anatomía humana tuviera un papel relevante. El contacto temprano con los enfermos era fundamental y de ahí el prestigio que el Real Colegio posteriormente adquirió pues, al tener un hospital a su disposición, los alumnos entraban en relación con la enfermedad desde el principio de sus estudios.

Pedro Virgili y el marqués de la Ensenada.

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El 11 de noviembre de 1748 Fernando VI aprobó los Estatutos fundacionales del Real Colegio. Tras el fallecimiento de Lacomba, Virgili fue nombrado cirujano mayor de la Armada y director del Real Colegio. Desde ese cargo impulsó un poderoso programa de actuaciones, con un moderno plan de estudios, un personal cuidadosamente seleccionado y una severa disciplina para los alumnos. Igualmente, estableció un jardín botánico y una importante biblioteca y fomentó la ampliación de los estudios en el extranjero y las llamadas "Juntas literarias", sesiones clínicas en las que se debatían casos de interés para el desarrollo científico y técnico de la cirugía. En 1758 Virgili se convirtió en primer cirujano de Cámara. Las ausencias de Cádiz por sus obligaciones en la Corte influyeron, al parecer, en la buena marcha del Colegio y en la relación con algunos de sus miembros, lo que pudo motivar la idea de crear un segundo Colegio de Cirugía en Barcelona, en este caso, para formar a los cirujanos del Ejército. El proyecto encontró los apoyos necesarios y en 176o comenzó a funcionar con él al frente como director. En 1764 entraron en vigor los Estatutos y Ordenanzas generales que regirían tanto en este Colegio como en el de Cádiz, uniformando así el plan de estudios de ambos centros. Su muerte en 1776 le impidió ver la creación de un nuevo Colegio en Madrid (1787), en la cual tuvo un papel destacado su discípulo Antonio Cimbernat. No obstante, su labor a lo largo de todos esos años hacen de Virgili una figura clave en la renovación de la práctica quirúrgica y su enseñanza en el siglo XVIII, en el nacimiento de la cirugía española moderna apoyada en técnicas y conocimientos científicos y en la dignificación de la profesión de cirujano.
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