Columnas
Andalucía en sus documentos

Papeles de un exilio

La colección de documentos de Guillermo Blanco Ligüeri

MIGUEL ÁNGEL GALDÓN SÁNCHEZ
ARCHIVO GENERAL DE ANDALUCIA

A la edad de go años, Elvira Blanco Gil hizo donación en 2018, a favor de la Junta de Andalucía, de una colección de documentos relativos a su padre, Guillermo Blanco Ligüeri (1897-1978). Alrededor de un centenar de documentos, de variada naturaleza, instalados en una vieja carpeta de gomas con el rótulo "Papeles del abuelo", que reflejan las vivencias de este militar de Infantería de Marina exiliado en Francia en 1939, donde vivió hasta su muerte. La donación fue aceptada por la Consejería de Cultura y los documentos se conservan en el Archivo General de Andalucía.

Guillermo Blanco Ligüeri nació el 24 de agosto de 1897 en Mondariz (Pontevedra), en el seno de una familia de militares. Su padre y sus hermanos mayores pertenecían al cuerpo de Infantería de Marina, al que él se incorporó antes de cumplir 18 años. En 1923, siendo sargento, contrajo matrimonio con Teodora Gil Villar en San Fernando (Cádiz); del matrimonio nacerían, en esa misma ciudad, sus tres hijos: Guillermo, Juana y Elvira Blanco Cil. En el momento del estallido de la Guerra Civil, siendo ayudante auxiliar de primera, desempañaba funciones de Secretario de la Sección de Infantería de Marina en el Ministerio de Marina, en Madrid; fue ascendido a teniente en 1937 y a capitán en 1938. Durante la contienda siguió al Gobierno de la República en su traslado a Valencia primero y a Barcelona. Exiliado en Francia desde febrero de 1939, pasó por los campos de refugiados de Argelès-sur-Mer, Le Bacarès, Ruelle-surTouvre (donde se encontró con su mujer y sus hijos, que habían entrado en Francia por separado) y el campo de Les Alliers, hasta que a mediados de 1940 consiguió un empleo, como peón en la fábrica de ladrillos Tuileries Louis Rohmer ("terrible" experiencia, escribirá) en el departamento de Charente, que le permitió dejar los campamentos y vivir de su trabajo, con su familia. No permanecerían unidos mucho tiempo, el avance de la Il Guerra Mundial les obliga a organizar en 1941 el regreso de su mujer e hijos a España, a San Fernando, quedándose él, solo, en Francia. Durante la II Guerra Mundial fue movilizado al frente alemán, encuadrado en el 644º Grupo de Trabajadores Extranjeros (CTE) en el frente Atlántico, trabajando para la Organización Todt, dependiente de las fuerzas armadas alemanas, en Aixe-surVienne y en la base naval alemana de La Pallice, en La Rochelle, donde sobrevivió a varios bombardeos, y asistió, cerca de Lorient, al desembarco aliado de 1944. Pasó después al territorio ocupado por los Aliados, estando en varios campamentos internacionales para refugiados, a cargo de la Cruz Roja y con supervisión del ejército de los Estados Unidos, uno en la zona de Metz y otro muy cerca de Soissons, hasta 1945.
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Finalizada la contienda mundial pudo retomar la comunicación con su familia en España, aunque hubo de posponer el anhelado regreso y continuar residiendo en Francia, al conocer que en nuestro país recaían sobre él graves acusaciones de rebelión y asesinatos, con requisitoria de arresto, al tiempo que su no comparecencia a los requerimientos judiciales le había ocasionado la baja en la Armada, con pérdida de todos los derechos. Logró trabajo, como administrativo, en la Compagnie Electro-Mécanique (C.E.M.) que lo destinó a numerosas centrales térmicas del país (Cajarc, Blandy-les-Tours, El Havre, etc.) hasta que se estableció finalmente en Saint-Chamond, cerca de Lyon, hasta su jubilación en 1969, cumplidos los 70 años de edad. Durante las cuatro décadas de exilio viajó a nuestro país solo en un par de ocasiones, para reunirse con su familia. La primera vez fue en 1969, tras la publicación del Decreto-Ley 10/1969, por el que se declaraba la prescripción de todos los delitos cometidos con anterioridad al 1 de abril de 1939. Cruzó la frontera en coche por La Junquera, con tanta alegría como la pena sentida cuando salió de España, casi por el mismo lugar, 3o años atrás. Falleció en junio de 1978 en Céret, localidad de la región de Occitania, muy próxima a la frontera española, en la que una vez jubilado fijó su residencia, y allí fue enterrado, según la información proporcionada por su familia, Tenía 80 años. Las últimas palabras escritas por Guillermo Blanco que nos han llegado están al dorso de una fotografía del día de Navidad de 1976 en Céret, en la que aparece sentado a la mesa con unos amigos, son estas: "Bueno está, no veo casi nada y además no hay sol, sobra nieve y agua".
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