Columnas

La liturgia de nuestros antepasados

Cómo rezaban los cristianos de la Andalucía medieval

Durante los primeros siglos de la Reconquista, tanto los cristianos sometidos a la ley islámica en al-Andalus —a los cuales los cristianos comenzarían a denominar como "mozárabes" debido a la aculturación con sus gobernantes— como aquellos que se refugiaron en los reinos del norte peninsular mantenían unos ritos prácticamente idénticos. Esto comenzó a cambiar a lo largo del siglo XI, cuando los reinos cristianos sustituyeron el antiguo rito hispánico por la nueva liturgia franco-romana introducida en la península Ibérica por los monjes cluniacenses. 

DAVID SANTANA CAÑAS
UNIVERSIDAD COMPLUTENSE DE MADRID
Así, pues, que un mismo modo de orar y cantar sea mantenido por nosotros en toda Hispania y la Galia, un único modo en las solemnidades de las misas, uno en los oficios vespertinos y matutinos, y que no haya diferencia alguna en nuestras costumbres eclesiásticas, puesto que estamos unidos por una misma fe y reino". Con esta sentencia recogida en el canon II, los obispos y sacerdotes que participaron en el IV Concilio de Toledo (633) se adjudicaban la labor de unificar la forma de rezar y cantar en todo el Reino Visigodo. Finalmente, se había alcanzado la unidad política; derrotados los suevos en el noroeste, los vascones en el norte y los bizantinos en el sur, un único monarca gobernaba en su totalidad las cinco provincias hispanas (Baetica, Cartaginensis, Gallaecia, Lusitania y Tarraconensis) y la Calia Narbonensis. El siguiente paso era alcanzar la uniformidad en cuanto a la liturgia, con el fin de otorgar a todo el pueblo hispano un elemento de cohesión en algo tan cotidiano como era rezar. La nueva liturgia sería alumbrada por algunas de las figuras más relevantes de la Iglesia española de los siglos VI y VII. En el De viris illustribus de San Isidoro y en el homónimo libro posterior de San Ildefonso encontramos referenciados como compositores de algunas de las oraciones y cantos del rito hispánico los nombres de San Leandro, obispo de Sevilla (579-602); Juan II, obispo de Zaragoza (619-631); Conancio, obispo de Palencia (607-639) o San Eugenio, obispo de Toledo (649-657). También a los propios San Isidoro y San Ildefonso se les atribuye la composición de varias piezas litúrgicas y musicales. El resultado final sería la creación de un rito regional con características propias. De tradición occidental, al igual que los ritos ambrosiano (en el norte de la península itálica) y galicano (en la actual Francia), pero influenciado notablemente por las tradiciones litúrgicas de la iglesia africana y por la presencia bizantina en el sur peninsular durante los siglos VI y VII. Una liturgia con unas oraciones de gran valor poético y musical, destacando piezas tan características como los Sacrificia que se entonaban durante el ofertorio. El rito hispánico tenía algunos géneros propios, a veces compartidos con los ritos galicano y ambrosiano o herederos de tradiciones más antiguas. Algunos de los cantos y oraciones más característicos eran el Vespertinum, a veces también denominado Lucernarium, que era la oración que daba inicio al rezo del oficio de Vísperas. El Sonum, que se interpretaba en los oficios vespertinos y matutinos de los días festivos era un canto muy adornado que constaba de varios versos en los que, a partir del segundo, se repetia el final del primero. Era esta una característica común del canto del rito hispánico: en los cantos antifonales no se repite la antífona al completo, sino exclusivamente el final de ésta. El Psallendum en los oficios correspondía al canto que se entonaba al final de los mismos, con carácter procesional y conclusivo. En la misa ocupaba el lugar que hoy tiene el Gradual y una gran parte de estos Psallenda se atribuyen a San Leandro. Los miércoles y viernes de Cuaresma, el Psallendum era sustituido por los Threni, de carácter mucho más dramático. Pero, sin duda, el más importante era el Sacrificum. Se interpretaba mientras los fieles portaban las ofrendas al altar y se preparaba el altar para la Eucaristia, sin embargo, su extensión era superior al ritual del ofertorio, constituyéndose como el canto más largo de toda la liturgia. Su nombre se debe a que utilizaban textos que describían sacrificios bíblicos.

Hubo un rito regional con características propias. De tradición occidental, pero influenciado por las tradiciones litúrgicas de la iglesia africana y por la presencia bizantina

Foto: "Las ranas", Comentario al Apocalipsis de Beato de Liébana, Beato de Osma, f, 139. 

imagen
El rito hispánico en el norte peninsular
  • Tras la invasión musulmana, en el norte de la península, el rito hispánico fue restituido en el reino de Asturias oficialmente tras la fundación de la diócesis de Oviedo por el rey Alfonso II 'el Casto' en el año 790. En torno a esta misma época, el rito hispánico comenzó su declive tras la polémica entre el obispo Elipando de Toledo, quien había abrazado la herejía adopcionista y Beato de Liébana. La condena del adopcionismo en el Concilio de Fráncfort (794) provocaría la pérdida de autoridad de los obispos andalusíes. Ya en el siglo XI, el papa Gregorio VII inició su reforma de la iglesia con el objetivo de lograr la unificación litúrgica en toda Europa contando para ello con el inestimable apoyo de los monjes benedictinos de la abadía de Cluny. En el Reino de Aragón, Sancho I Ramírez sería el encargado de sustituir el rito hispánico después de la cesión del monasterio de San Juan de la Pena a los monjes de la Orden de Cluny en 1071 y la oficialización del rito. Tras ser elegido rey de Pamplona a la muerte de su primo el rey Sancho Garcés IV en el 1076, también importaría a este territorio el nuevo rito. En León, la decisión de Alfonso VI de oficializar el rito romano en detrimento del hispánico sería motivada por la insistencia del papa Gregorio VII y la influencia de su esposa Constanza de Borgoña, sobrina del abad San Hugo de Cluny.
Para acceder al contenido completo es necesario realizar la suscripción