La lucha por el derecho a la práctica deportiva de las clases populares fue distinta y diferencial en tiempo y forma en función de la realidad sociopolítica del momento, teniendo en Andalucía unas peculiaridades que la significan. Desgraciadamente los ignominiosos hechos acaecidos tras el golpe de Estado de 1936 dificultan la reescritura de ese pasaje de la historia, que solo puede ser abordado desde los escasos recursos archivísticos y la hemerografía andaluza del momento.
El ocaso del siglo XIX y el emerger del XX fueron el escenario en el que el deporte de raíz anglosajona se asentó en el Reino de España. Este escenario estuvo lastrado por una serie de factores de vinculación sociopolítica y religiosa, que encontraron su mayor expresión en los discursos de la "modernidad defensiva", los cuales veían en estos nuevos deportes una agresión a la españolidad. Esta posición, que fue variando en tanto en cuanto las posiciones regias mostraron cierta aquiescencia a los deportes elitistas como la hípica, en un primer momento, y, posteriormente, a estos nuevos deportes —eso sí, comprendidos desde parámetros clasistas—, se vio ensombrecida por el gran sector social impulsor del deporte, la terna formada por el burgués local, el viajero y el profesional extranjero. Sería ese triángulo, estudiado : por el investigador Ángel Bahamonde, con una primacía del componente extranjero, el que haría germinar los new sports en las costas andaluzas en torno a 1890.
Animado por el comercio en torno a la minería y a las uvas, la llegada de extranjeros a Andalucía trajo consigo sus usos y costumbres, entre las que estaba el deporte, destacándose el fútbol, cuyos primeros partidos se jugaron en la localidad minera onubense de Riotinto. Deporte que empezó en Andalucía su asentamiento, en paralelo al ciclismo y al montañismo, prácticas deportivas en las que hay que destacar la Sociedad Díez Amigos Limited de Sierra Nevada y el Club Velocipedista de Sevilla de 1897.
Simultáneamente a este proceso de transformación del deporte en torno a sí mismo, virando desde una práctica rudimentaria a un ejercicio físico reglado y estructurado, se produjo un cambio en los agentes participantes del mismo, extendiéndose su práctica de forma gradual -siendo su mayor exponente en la Segunda República— a las clases populares, las cuales entraron en liza por el disfrute del tiempo de ocio en clave deportiva, a las mujeres y al medio rural.
Los sectores obreros iniciaron su camino deportivizador a inicios de siglo XX mediante la red de escuelas socialistas, que tuvieron expresiones en lugares como Higuera de Arjona, cuya sociedad socialista La Invencible sería un ejemplo. Este tipo de escuelas, que tuvieron una línea similar a la pedagogía de la Institución Libre de Ensenanza, fueron los lugares donde se dieron las primeras expresiones físico deportivas en los sectores proletarios.