En los últimos años se ha podido observar como el fenómeno de la esclavitud moderna ha ido adquiriendo mayor relevancia en la historiografía gracias a las diversas publicaciones científicas en forma de monografías y artículos en revistas, y a una serie de congresos, seminarios y demás encuentros celebrados con el fin de presentar las distintas investigaciones desarrolladas y discutir sus resultados. Tal panorama no ha hecho sino consolidar un campo de estudio, iniciado a mediados del pasado siglo en nuestro país, cuya trayectoria ha contado con historiadores de la talla de Antonio Domínguez Ortiz, Miguel Ángel Ladero Quesada o Bernard Vincent, entre otros muchos.
Al mismo tiempo, más allá de los espacios académicos, aunque no por ello necesariamente al margen de estos, ha habido un creciente interés hacia este tema por parte de la sociedad, plasmándose en diferentes exposiciones, reportajes y entrevistas en la prensa escrita y digital, e incluso en documentales mostrados en plataformas de entretenimiento cuya repercusión actual es cada vez mayor entre la población.
En este contexto, el historiador Eduardo Corona Pérez ha publicado recientemente en la Editorial Universidad de Sevilla un libro resultado de su tesis doctoral que gira en torno a la resonancia que tuvo la esclavitud en Sevilla en los siglos XVI y XVII, una de las ciudades más destacadas de la península ibérica, con una notable presencia de esclavos, hasta el punto que el escritor Melchor de Santa Cruz llegó a comparar sus gentes con las piezas negras y blancas de un tablero de ajedrez.
Empleando como marco este espacio idóneo, el autor aborda la evolución de la población esclava en la urbe entre los años 1500 y 1650, un arco cronológico trascendental para el conocimiento de este fenómeno que permite analizar detalladamente tanto su auge como su declive, atendiendo en todo momento al desarrollo del mercado y a las fluctuaciones de la trata atlántica de esclavos a lo largo de estos años. Todo ello, por medio del minucioso análisis de un impresionante repertorio documental inédito, así como de una cuantiosa bibliografía que no hace sino incrementar la importancia de esta obra en la historia de la esclavitud para todos aquellos que quieran adentrarse en ella.
El libro se estructura en cinco capítulos. Tras una introducción centrada en la historiografía existente sobre esta cuestión en España, con una posterior descripción detallada de los planteamientos y objetivos del estudio, le sigue un capítulo donde el autor enmarca el objeto de la investigación en su contexto jurídico valiéndose de un meticuloso acopio bibliográfico y documental. Posteriormente, el empleo de las fuentes primarias y secundarias, para cumplir así con los objetivos indicados con anterioridad, es explicado pormenorizadamente en el tercer capítulo, unas interesantes y necesarias páginas donde tanto el lector especializado como el público en general podrán conocer la rigurosidad metodológica que entraña el ejercicio de toda investigación histórica que se precie de serlo. Seguidamente, uno de los mercados de esclavos más importantes de la península ibérica durante los siglos XVI y XVII, como fue el caso del existente en la ciudad de Sevilla, es analizado sistemáticamente en el cuarto capítulo de la obra. Infinidad de procedencias geográficas, descripciones físicas y culturales, precios de venta, datos de propietarios e, incluso, profesiones desempeñadas por los esclavos tras ser adquiridos, son explicadas en sus seis subapartados, comparando la información proporcionada por las fuentes parroquiales y notariales con otros mercados protagonistas del tráfico negrero atlántico como Lisboa, Sanlúcar de Barrameda o Puerto Rico.