Tras el 18 de julio de 1936, Andalucía quedo partida en dos. Sin embargo, no todo el territorio de cada provincia cayó en poder de unos u otros. Muy pronto se organizaron por ambos bandos columnas con el fin de ir conquistando y defendiendo diferentes localidades. Las columnas del bando sublevado mantenían la estructura militar de unidades regulares y pronto recibieron el apoyo de las fuerzas procedentes de Marruecos, tras el paso del Estrecho.
Por parte republicana, las columnas eran mayoritariamente de voluntarios reclutados por sindicatos y partidos políticos, con poca organización militar. Así, a finales de julio de 1936 se organizó una columna de milicias mandada por el general Miaja que partió de Albacete en dirección a Córdoba, recuperando algunas poblaciones como Adamuz, Belalcázar, Villanueva del Duque y Pozoblanco, durante los primeros días del mes de agosto, hasta que el 20 de agosto se produjo una ofensiva sobre Córdoba capital que acaba fracasando. A partir de entonces, las fuerzas sublevadas siguieron avanzando para reconquistar gran parte de la provincia de Córdoba, sobre todo la cuenca minera de Peñarroya.
Málaga quedó prácticamente aislada del resto de la zona republicana y Almería y Jaén estaban fuera de los objetivos del avance rebelde que buscaba a toda costa llegar a Madrid.
Esta fase de la guerra, que podemos acotar entre la fecha de la sublevación y principios de 1937, tuvo su importancia debido a su carácter estratégico. El empuje del Ejército nacional no fue frenado, en parte por la desorganización de las milicias de los partidos y sindicatos y también por la desconexión con el gobierno central, mucho más preocupado en la defensa de Madrid.
El Ejército nacional, sobre todo con la columna mandada por el general Varela, fue conquistando terreno, haciéndose con la cuenca minera de Córdoba de gran importancia estratégica y finalmente con la caída de Málaga y la costa granadina en enero de 1937.
A partir de ese momento el frente andaluz pasa a ser un frente de posiciones defensivas con algunas operaciones de carácter más propagandístico que de realidad bélico-estratégica, como pudieron ser el asedio al santuario de Santa María de la Cabeza o la liberación de los presos del fuerte de Carchuna.
EJÉRCITO DEL SUR. En diciembre de 1936 se crea el Ejército del Sur con las fuerzas de los frentes extremeño y andaluz. Se constituye con las Divisiones 19ª a la 24*, siendo su primer jefe el coronel de Artillería Juan Hernández Saravia. El 18 de enero de 1937 le sustituye el general de División Fernando Martínez-Monje Restoy, que diez días más tarde es sustituido por el coronel de Infantería José Villalba Rubio y a finales de febrero de 1937 se nombra al coronel de Artillería Gaspar Morales Carrasco. Como vemos hubo poca estabilidad en el mando.
El Ejército del Sur fue disuelto en mayo de 1937 y el 3 de junio de 1937 se crearon los VIII y IX Cuerpos de Ejército, con intervención en el frente andaluz. El VIII Cuerpo de Ejército, con Cuartel General en Pozoblanco, contaba con la 19ª y la 38ª División. Más tarde se integraría en el Ejército de Extremadura. Su jefe era el coronel de Artillería Joaquín Pérez Salas y como comisario se nombró a José Sáinz Alfaro del Pino, del PCE.
El IX Cuerpo de Ejército, con Cuartel General en Úbeda y Jaén, las divisiones que 1o componían eran la 203, 213, 227 y 24ª, se nombra jefe al teniente coronel de Infantería Carlos García Vallejo y comisario a Máximo Muñoz López de la JSU. Se integra en diciembre de 1937 en el Ejército de Andalucía.