En la Guerra Civil española tuvieron lugar muchos acontecimientos de distinta índole, que la hicieron un conflicto bélico diferente a cualquier otro anterior, con unas peculiaridades ideológicas concretas, con una participación internacional nunca vista hasta entonces en una guerra civil, y con algunos medios de combate puestos en escena por actores foráneos, novedosos, diferentes y, en algunos casos, inéditos. Pese a que los carros de combate -tanks— ya habían participado en la Primera Guerra Mundial y en conflictos civiles de menor intensidad -como la guerra civil rusa—, fue en la contienda española cuando se proyectaron todas las novedades introducidas en los años de entreguerras, en un arma con un enorme potencial, como se demostraría desde entonces hasta la actualidad.
Alemanes y rusos, británicos y franceses, polacos y norteamericanos, checos e italianos competían por diseñar ingenios blindados que tuvieran mayor potencia de fuego, una protección suficiente y velocidad tal que les permitiera moverse a voluntad por cualquier terreno, algo en lo que alemanes y soviéticos llevaban la delantera.
España se había quedado muy atrás en la carrera por desarrollar un arma acorazada. Si bien la Guerra del Rif parece que acrecentó el interés por parte de las autoridades hispanas por hacerse con carros de combate y vehículos blindados, la finalización de la misma volvió a aletargar a los burócratas del Ministerio de la Guerra que manejaban los presupuestos y decidían qué adquirir y cuándo hacerlo. Varios proyectos nacionales acabaron en el más olímpico abandono, llegando al año 1936 con renqueantes medios supervivientes de las campañas africanas, encuadrados en una suerte de entelequia denominada "Regimiento de Carros de Combate" -¡de los que había nada menos que dos!—, con cinco míseros y anticuados Renault FT-17 cada uno. Uno tenía su sede en Madrid y otro, en Zaragoza. En el sur de España no había ubicada ninguna unidad militar acorazada ni blindada.
El 18 de julio de 1936 se encontraban en Sevilla tres camiones blindados "Dodge" Mod. 1932 pertenecientes a la dotación de la Guardia de Asalto (unidad policial encuadrada en lo que hoy llamaríamos Fuerzas y Cuerpos de Seguridad), vehículos fabricados en los talleres de Sestao de la Sociedad Española de Construcción Naval, utilizando el chasis de un camión comercial que también tenían en dotación las citadas unidades policiales. Estos blindados y un carro de combate Renault FT-17, reglamentario en el ejército español en aquellas fechas, que estaba en reparación en la Fábrica de Artillería hispalense, eran los únicos elementos de esta clase que había en Andalucía al iniciarse el conflicto.
En las zonas mineras andaluzas, las fuerzas del general Queipo de Llano capturaron varios camiones blindados de circunstancias realizados por las milicias populares en talleres artesanales de los pueblos, vehículos sin valor militar alguno, aunque a los milicianos les daban sensación de poderío y seguridad. Según el entonces coronel Cuesta Monereo, jefe de Estado Mayor en el Ejército del Sur, y mano derecha del general Queipo: " ...y сото tampoco sabían emplearlos, a poco que se enfrentaban a las fuerzas nacionales iban cayendo en nuestro poder. Río Tinto y Peñarroya dieron un contingente elevado de estos armatostes que tampoco tuvieron aplicación en nuestras manos por ser prácticamente inútiles. Poca peligrosidad ofrecieron estos blindados contra cuya acción el general Queipo dio ya instrucciones con fecha 10 de agosto...".