Columnas

"La retórica noble"

Antonio Machado y los poetas andaluces de su tiempo

Antonio Machado (1875-1939) es reconocido como uno de los grandes poetas españoles del siglo XX, y tras su trágica muerte al final de la Guerra Civil la proyección de su figura no ha hecho más que crecer. Pero, ¿cuál fue su relación con los otros poetas andaluces de su tiempo, empezando por su hermano Manuel? ¿Cómo se llevó con el otro grande de la época, Juan Ramón Jiménez, y cómo lo leyeron los poetas ultraístas y los de la Generación del 27? ¿Qué opinión tenía él, por otra parte, acerca de la nueva poesía, del homenajeado Góngora, del surrealismo? 

ANTONIO RIVERO TARAVILLO
ESCRITOR
A menudo nos vamos por las ramas buscando afinidades e influjos y nos olvidamos de lo más cercano: las mismas raíces. Si de hablar de Antonio Machado se trata, su hermano Manuel no puede quedar fuera, pues fue un muy importante poeta también, y tan contemporáneo suyo que ambos eran coetáneos un mes de cada doce, como le gustaba recordar a Antonio: Manuel nació el 29 de agosto de 1874, y Antonio el 26 de julio. Es mucho lo que tenían en común sus obras poéticas. Por sintetizarlo, la notable huella francesa (residieron juntos en París, donde pudieron acceder de primera mano a las obras de parnasianos y simbolistas) y, junto a ella, el gusto por la poesía popular, más aflamencada en Manuel, más por la vía del romance (aunque también de la canción y otras formas breves) en Antonio. No es necesario recordar la dedicación al folk-lore (así escrito) de su padre, Antonio Machado Álvarez, Demófilo. Manuel publicó Cante hondo (1912), con el subtítulo Cantares, canciones y coplas compuestas al estilo popular de Andalucía. Por otro lado, no se puede soslayar que los hermanos colaboraron en varias obras de teatro, escritas al alimón. Se ha destacado cómo la impronta verlainiana se manifestó de diferente modo en uno y otro, y cómo Manuel, por ejemplo, se centró más en figuras como Pierrot, etc., que cultivan una variante distinta de lo que en Verlaine adoptó Antonio. Juan Ramón Jiménez (JRJ) y Antonio Machado se conocieron en 1902 en Madrid, y a partir de entonces se produjo un constante tráfico de lecturas, dedicatorias, cartas y comentarios entre ambos. El ejemplar de JRJ de los poemas de Verlaine estaba "con los bordes comidos" por el sevillano, a quien se lo había prestado. Cada uno de ellos publicó, además, textos sobre las obras del otro. Resultaría cansino traer aquí todos los versos que respectivamente escribieron como homenaje al amigo, al poeta admirado. Muy encendidos y hermosos son, puestos a escoger, los de Laberinto (1913), que el de Moguer dedica al sevillano y cuyo broche es: "Antonio, ¿sientes esta tarde ardiente / mi corazón entre la brisa?"). Por su parte, Machado le dedicó al amigo "La tierra de Alvargonzález" (que él tenía en gran estima pero que para JRJ no era ni mucho menos lo mejor suyo). También, el poema "Nocturno", que llegó a integrar Soledades pero que fue excluido de sus Poesías completas y rescatado junto a otros por Dámaso Alonso. Lleva precisamente un encabezamiento de Verlaine. Ambos poetas se leyeron mucho y muy atentamente, y dejaron constancia de esas lecturas no solo en páginas impresas -esos frutos rectangulares que dan las frondosas plantas de interior de las hemerotecas y bibliotecas—, sino también en conversaciones, vilanos que se habría llevado el viento de no ser por tenaces anotadores (aquí habría que destacar las charlas del moguereño con Juan Guerrero Ruiz primero y con Ricardo Gullón más tarde). Andando el tiempo, hubo sus más y sus menos entre ellos, y sería demasiado ambicioso hacer aquí un relato pormenorizado de su relación, atravesada por varios momentos y diferentes grados de estima. Además, Machado pareció al principio demasiado decimonónico a los de la Generación del 27. Pablo Neruda anotó sin embargo cómo los jóvenes poetas prefirieron después a Machado. Hay que ver en ello razones más de raíz política que poética. A JRJ siempre lo había apreciado Machado, y así lo había manifestado en diferentes páginas. Pero en 1917 escribió: "En su último libro, Estío, las imágenes sobreabundan pero son cobertura de conceptos". Esto es importante, porque Machado despreció las metáforas y las imágenes que, meros alardes para él, no tenían detrás un sentimiento, una emoción. Fue precisamente en 1917 cuando JRJ cuidó la edición de las Poesías completas de Machado publicadas por la Residencia de Estudiantes. Otro punto de contacto entre ambos.

Antonio Machado retratado por Joaquín Sorolla (1917).

imagen

Antonio Machado y JRJ se leyeron mucho y muy atentamente, y dejaron constancia de esas lecturas no solo en páginas impresas

Para acceder al contenido completo es necesario realizar la suscripción