Columnas
Dossier

La guerra que no comenzó Queipo

La conspiración militar en Andalucía

JOAQUÍN GIL HONDUVILLA
DOCTOR EN HISTORIA CORONEL DEL CUERPO JURÍDICO MILITAR
Queipo realizó cuatro viajes a Andalucía aprovechando su destino de inspector general de Carabineros. El primero de estos desplazamientos se produjo en el mes de abril, por encargo del general Fanjul, en un momento en el que todavía no estaba integrado en la conjura que dirigía desde Pamplona el general Emilio Mola. Fue un viaje de contacto y para conocer el estado de ánimo de los mandos superiores de la región. Su primera etapa fue Córdoba, posteriormente acudió a Sevilla, Cádiz, Málaga y Granada. El segundo viaje tuvo lugar en los primeros días de julio, ya incorporado al grupo conspiratorio. En este viaje intentó asegurar la respuesta de los mandos militares de la región de las provincias más dudosas. Su deseo era convencer a aquellos jefes que aún no habían mostrado su adhesión en abril, y lo consiguió con la unión a la conjura de los gobernadores militares de Malaga, Francisco Patxot, de Granada, Manuel Llanos, y de Cádiz, López Pinto. Entre el 10 y el 16 de julio efectúa su tercer viaje. Primero recala en Málaga, donde deja a su familia, acudiendo posteriormente a Sevilla, con la intención de reunirse con el jefe de la Segunda División Orgánica, el general Fernández de Villa-Abrille, quien ya lo había recibido en el primero de sus desplazamientos. En este tercer viaje el jefe de la División Orgánica rehuyó la entrevista alegando unas maniobras en Huelva. Persiguiendo a Villa-Abrille, Queipo se desplazó a la capital onubense, intentando, por todos los medios, contactar con su compañero, sin conseguirlo. Sabedor de que la máxima autoridad no se iba a sumar a la conjura, regresó a Madrid, para volver a Huelva al día siguiente, 17 de julio, pretextando la entrega de una bandera en Isla Cristina. La decisión ya está tomada, asumirá el mando de la región si Villa Abrille no diera su brazo a torcer cuando la revuelta tuviera su inicio. En su periplo andaluz Queipo solo estuvo en Sevilla, apenas cuatro o cinco días, en estancias que no superaban los dos días por viaje, tiempo absolutamente insuficiente para liderar una conspiración tan compleja como era la que intentaba levantar todo el sur de España. Es cierto que desde su primer viaje contactó con los dos oficiales que más estaban haciendo para que la conspiración triunfara, los comandantes Cuesta Monereo y Álvarez Rementería, pero no fue él quien asumió el riesgo "andaluz" en la fase previa de la rebelión del 18 de julio. VERDADEROS ORGANIZADORES. En 1936 Cuesta Monereo era comandante de Estado Mayor, destinado en el Cuartel General de la Segunda División Orgánica. No era el jefe de la unidad, pues por encima suya se encontraban el coronel Juan Cantero Ortega, jefe del Estado Mayor, y el jefe del Servicio de Inteligencia, el comandante Francisco Hidalgo Sánchez. La posición del comandante Cuesta en su unidad no impidió la influencia de este militar hacia el resto de los componentes del Estado Mayor de la Segunda División Orgánica, en especial de los capitanes de Estado Mayor Manuel Escribano Aguirre y Manuel Gutiérrez Flores. A estos oficiales habría que sumar como personaje esencial de la trama sevillana al comandante Eduardo Álvarez Rementería, director del Comité Militar de Falange en Sevilla y miembro también de la U.M.E. El trabajo realizado por este reducido y escogido grupo de oficiales fue ingente: no solo debía planificar el golpe en la capital sevillana, sino que también tenía que coordinar el levantamiento del resto de guarniciones andaluzas.
EL FRENTE OLVIDADO

¿Fue el general Queipo el militar que organizó e impulsó la conspiración que fraguó en los actos ocurridos en las capitales andaluzas Z desde el 18 al 20 de julio de 1936? ¿Fue este militar el oficial que creó las bases para que desde los cuarteles de la región la oficialidad comprometida acudiera al llamamiento contra el gobierno de la nación? Estas preguntas solo tienen una contestación. En los meses en los que la conspiración fue tomando cuerpo, ni Queipo estaba en Andalucía, ni estaba integrado en la camarilla de oficiales que asumieron esta arriesgada tarea.

Queipo pasando revista a las tropas antes de la marcha. Detrás José Cuesta Monereo y Gutiérrez Flores. 3 de agosto de 1936.

imagen
Pero el comandante Cuesta, en Andalucía, como el general Mola, en la planificación general en toda España, habían aprendido de los errores pasados, especialmente del fracaso de la sublevación del general Sanjurjo, del 10 de agosto de 1932. Aquella fue una conspiración a gritos, sin sigilo alguno, ni la más mínima precaución por parte de los organizadores civiles y militares. Fueron estos errores los que permitieron al gobierno estar preparado para sofocarla y dinamitarla desde un principio. Aquella fue una operación mal concebida. DOMINAR SEVILLA. Unas de las primeras medidas que tomó el comandante Cuesta cuando asumió la organización del levantamiento militar fue preocuparse por el posible control de la capital del bajo Guadalquivir. La planificación desarrollada se basó en los diferentes informes, elaborados por instancias militares, en los que se preveía la ocupación de la urbe para el caso de alteraciones del orden público. El Ejército tenía ya, desde 1924, organizada esta contingencia, estando en vigor dichos planes incluso con los gobiernos de la República. El plan de 1924, posteriormente revisado el 11 de noviembre de 1930, concebía la división de la ciudad en seis zonas. Así mismo, se preveía la ocupación de los edificios más importantes y la formación de columnas volantes para acudir a los focos de mayor resistencia que pudieran aparecer. También se encargarían las unidades militares de mantener los servicios de agua, gas, electricidad y petróleo, así como del control de las vías de comunicación.
Para acceder al contenido completo es necesario realizar la suscripción