La aportación de Andalucía al estudio de los neandertales es muy significativa, ya que la región dispone de algunos de los registros arqueológicos más importantes de esta especie y de sus manifestaciones culturales. Así, encontramos algunos yacimientos reconocidos a nivel internacional, principalmente cuevas distribuidas sobre todo en las cordilleras Béticas, desde la provincia de Cádiz hasta Granada (Carigüela, Zafarraya, Bajondillo, Gorham, Vanguard, etc.). Coordinado por el catedrático de Prehistoria y Arqueología de la Universidad de Sevilla Miguel Cortés Sánchez, este dosier, elaborado por prestigiosos investigadores, se adentra en diversos aspectos como sus características anatómicas, sus avatares, su resiliencia y su capacidad para adaptarse a los importantes cambios ambientales derivados de la última gran glaciación.
Este artículo recorre la emigración americana durante los siglos XVXVIII de los habitantes de la villa onubense de Encinasola, situada en el interior de la provincia —en el Parque Natural de Aracena y Picos de Aroche— y alejada de la mar.
Durante los primeros siglos de la Reconquista, tanto los cristianos sometidos a la ley islámica en al-Andalus —a los cuales los cristianos comenzarían a denominar como "mozárabes" debido a la aculturación con sus gobernantes— como aquellos que se refugiaron en los reinos del norte peninsular, mantenían unos ritos prácticamente idénticos. Esto comenzó a cambiar a lo largo del siglo XI, cuando los reinos cristianos sustituyeron el antiguo rito hispánico por la nueva liturgia franco-romana introducida en la península Ibérica por los monjes cluniacenses.
Tomás de Larraspuru (1582-1632) fue un guipuzcoano que llegó a ser capitán general de la Armada de la Guarda de la Carrera de Indias, o lo que es lo mismo, la máxima autoridad en las rutas que unían Andalucía con el Nuevo Mundo. Pero no fue un marino cualquiera. Fue el militar que más veces cruzó el Atlántico dirigiendo un convoy. De los 450 mandos de las flotas que conocemos, Larraspuru ostenta la plusmarca absoluta al atravesar el océano nada más y nada menos que en 34 ocasiones, es decir, completando 17 viajes redondos de ida y vuelta.