Columnas

Antonio Ríos Rosas

Político y parlamentario (1808-1873)

Ríos Rosas fue un político tenaz al que los desengaños no abatían. Como gobernante, cuando tuvo ocasión de ensayarlo, dio al país la síntesis de su ideario. Como orador poseía cualidades dominantes como la fuerza de sus razonamientos, el vigor y la energía en sus palabras, las expresiones profundas y armoniosas y la ironía persuasiva, lo que le convirtió en un tribuno de la muchedumbre, pues sus discursos eran comentados en tertulias, cafés y por el periodismo de la época. La historia le ha hecho justicia, y hoy día se le recuerda por su tenacidad, integridad y profesionalidad en las tareas políticas y parlamentarias encomendadas. Fue un prohombre en la élite política de la historia española del siglo XIX. 

JOSÉ ANTONIO JIMÉNEZ LÓPEZ
DOCTOR EN HISTORIA CONTEMPORÁNEA
En la calle Parra n° 17 de Ronda, nació el 17 de marzo de 1808 el hijo menor del matrimonio Francisco del Río Zambrano y Francisca López Rosas. De los otros hijos solo conocemos a Francisco -cuya actividad política es paralela a la de Antonioy a Bernarda, madre de Hermenegildo y Francisco Ciner de los Ríos. Su padre tenía gran influencia en Ronda y su serranía; era abogado y fiscal de las Reales Rentas del Tabaco y de los Pósitos y tenía posesiones en Algodonales y Benaoján. Fue designado representante por Ronda en las Cortes de Bayona. Su oposición antiafrancesada le llevó a ser perseguido y confiscadas sus fincas. Murió víctima de su patriotismo cuando desempeñaba el cargo de Auditor de Guerra en el campo de San Roque. Su madre era una señora de talento despejado y firmeza de carácter; desempeñó el cargo de Vara Mayor de Alguacil de Campo. Su valor, integridad, temple de alma y espíritu cauto, se los transmitió a sus hijos. La infancia de Antonio, vivida en un hogar donde la educación, religiosidad, política y severidad de costumbres prevalecían, marcó su personalidad. Sus primeros estudios los hizo en Ronda bajo la dirección de su padre. En 1821 pasó al colegio de San Bartolomé y Santiago de Granada donde, como becario, cursó leyes obteniendo el grado de Bachiller en Derecho Civil y en Cánones en 1832, destacando por su reconocido talento, sus inclinaciones literarias y su clara disposición a la política. De vuelta a Ronda en 1833 dedicó la mayor parte de su tiempo a actividades culturales y tertulias literarias como la que se reunía en la rebotica de Antonio González donde surgió el periódico la Lira de Guadalevín. PARLAMENTARIO Y MINISTRO. A pesar del reducido ámbito de su región, empezó a destacar como miembro del partido moderado. Fue designado elector para las Cortes de 1835 y Procurador General de 1836 para las revisoras de la Constitución de 1812; fue también diputado por Ronda en las Constituyentes de 1837-1838 y 1838-1839. Nombrado en 1839 Jefe Político de Málaga, donde le surgieron dificultades (la revolución progresista de 1840), pero su entereza de ánimo y la suerte de saber aprovechar las circunstancias, culminó con éxito la situación, significando un buen triunfo político personal y para el partido. En febrero abandona Málaga y marcha a Madrid al ser elegido diputado por Córdoba para las Cortes de 1840 que, con mayoría moderada, estaban llamadas solo para debatir. Con el triunfo de la revolución progresista de 1840 se cerraron sus sesiones hasta octubre. El Partido Progresista no cejaba en debilitar al moderantismo. En la Regencia a Espartero le abandonaron las fuerzas vivas del país: las Cortes, los ministeriales, el Ejército, la prensa e, incluso, la mayoría progresista. Con su reducido círculo de "los ayacuchos" no impidió la reacción moderada de Concha, Pezuela y Diego de León que fue dirigida desde París por María Cristina (rebelión militar de 1841). La revolución de 1843 (en la campaña periodística de la coalición colaboró directamente Ríos Rosas) le obligó a abandonar el poder. Tras ello se generó una situación incierta, pues no se sabía qué iban a hacer los progresistas y qué los moderados por asegurar sus posiciones. Los gobiernos de J. María López y Olózaga fueron intentos para desprestigiar al progresismo y asumir el monopolio del poder. Convocadas elecciones en 1844 el partido se reunificó, pues se necesitaban unas "cortes preparadas" para afrontar la reforma de la Constitución; el retraimiento de los progresistas privó de una oposición legal. Con Narváez en el poder, comenzó el dominio moderado durante diez años consecutivos. Ríos Rosas, que era oficial en la secretaria del Ministerio de Gracia y Justicia y posteriormente secretario de Decretos, formó parte de ellas representando a Málaga, tomando parte en los debates donde destacó como gran orador; sus intervenciones estaban cargadas de sinceridad ideológica, pero inseguras en cuanto a su apoyo al programa de reformas del Gobierno, pues unas veces se mostró partidario y otras antirreformista. La fragmentación del Partido Moderado ("vilumistas" del marqués de Viluma, "puritanos" de Pacheco y "monistas" de Mon-Pidal) lo debilitó, hasta el punto de que tras la dimisión Narváez (11 de febrero de 1846) comenzó un período de crisis, pues en menos de dos meses hubo cuatro gobiernos efímeros. El fracaso de Salamanca por constituir un partido nacional equidistante de moderados y progresistas abrió otra vez el camino del poder a Narváez (4 de octubre de 1847) al que apoyó Ríos Rosas, pues lo creía necesario ante el peligro revolucionario europeo de 1848, si bien después criticó su política gubernamental (ilegalidades, coacciones y vicios) en aras de la pureza del sistema representativo; siempre lo hizo con buena suerte, porque la opinión pública venía siempre en su apoyo y rechazaba a los hombres que anatematizaba desde la tribuna. Por venganza, Narváez lo destituyo del cargo que desempeñaba en el Consejo Real.
Los gobiernos idóneos
  • Ramón Santillán al comentar este período estima lógica la formación de un ministerio a base del grupo principal de la oposición moderada en la que figuraba Martínez de la Rosa, Mon, Pidal, O'Donnell y Ríos y Rosas, pues eran los que podían fácilmente reunir las dos fracciones del partido moderado y crearse así en las Cortes una inmensa mayoría. También es probable que María Cristina aconsejara a la reina tales formaciones ministeriales; por ello, los gobiernos Roncali y Lersundi fueron gobiernos de Consejo.
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