Columnas
Libros olvidados

800 veces la palabra libertad

MANUEL MORENO ALONSO
UNIVERSIDAD DE SEVILLA
La Revolución liberal española de 1820-23 fue una experiencia que juntamente con la Segunda República suscita las mayores controversias de nuestra historia contemporánea. Extraordinaria fue la expectación que causó en Europa, tal como se advierte en la publicística general de todos los países. Dio a una generación de idealistas la imagen de España como una nación ejemplar, con una fuerza natural no contaminada por Europa. También tuvo sus críticos, como Chateaubriand, que la consideró como "una parodia servil de la primera revolución francesa, representada en escenario madrileño y con trajes castellanos". Como resultado de tal proceso mitificador, bien se explica que en la memoria del Trienio Liberal haya permanecido el recuerdo, para unos, de una época dorada, mientras para otros ha quedado como un período de caos y de tiranía. De aquí la conveniencia de recuperar fuentes desconocidas (sobre todo si son novedosas e introducen nuevas aportaciones) que nos amplíen el conocimiento de un período propenso a la mitificación pero que todavía desconocemos en muchos aspectos, como se deduce de la lectura de estos Retratos políticos de la Revolución de España de Carlos Le Brun, bajo cuyo nombre se escondió Félix Mejía (1776-1853). Un "exaltado" que en los momentos de mayor radicalismo fue el editor de uno de los periódicos más violentos y representativos del liberalismo jacobino a la española, El Zurriago, y que curiosamente comenzó a redactar durante su accidentada estancia en Sevilla en 1823. El autor del libro fue al mismo tiempo espectador (e incluso protagonista) de hechos que le llevaron, desengañado de la experiencia revolucionaria española, a hacerlos públicos en Filadelfia en 1826 bajo una profunda decepción. Lo que explica sus juicios severísimos sobre los protagonistas de la fallida experiencia, que fue incapaz de resolver las grandes cuestiones pendientes que provocó la propia revolución: la pacificación de América, el orden público, el arreglo de la Hacienda, la organización del ejército y la armada, el impulso de la economía, la puesta en orden de la administración de justicia o la agitación política. Todo lo cual llevará al autor a denunciar con nombres y apellidos, a través de sus principales responsables, la realidad de la revolución: la insinceridad de los que mandan, la venalidad administrativa, la corrupción, los abusos, las injusticias, la ofensiva anticlerical... que bajo su dictado no hará sino incrementar el desorden y la confusión. Perfectamente consciente de la importancia de la significación de las palabras y del nuevo lenguaje revolucionario, en los Retratos se hace mención más de 800 veces de la palabra libertad y, exactamente, 92 veces del término liberalismo, del que dice su autor que "hemos procurado descorrer y analizar hasta sus últimos elementos". Lo que le lleva a hablar por extenso de los que se dicen liberales "ad ignominiam del liberalismo", empezando por quienes se meten a "negociantes de libertad". El autor se ensana especialmente contra los que se llamaban liberales, pero "tienen zurrapas en su liberalismo"; como los que ejercen un liberalismo "de espionaje", o practican un liberalismo de "bullangas y exaltaciones al descubierto". A través del "disimulo hipócrita de liberalismo", confiesa haberse marcado el objetivo de procurar "descorrer y analizar hasta sus últimos elementos".

Le Brun, Carlos
Retratos políticos de la Revolución de España
Ed. Renacimiento, 2021, 637 Pp.,
34,9 €

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En las biografías individualizadas de Carlos Le Brun se resalta el papel y concepto de masa como factor revolucionario o contrarevolucionario de los acontecimientos, que lleva al autor a hablar de "masa indigesta", "la masa de la libertad nacional", "que hemos dicho de los españoles que están amasados", "enorme masa de fuerza", "una masa a prueba de maldad", "amasado desde la cuna", "fusilado en masa", "una masa preponderante", "alma amasada", "conspirar en masa", "la masa del pueblo", "masa inmensa e irresistible", "una nación amasada", "una gran masa de fuerza", "la gran masa", "totalidad de su masa", "una masa enorme de fuerza y libertad" o "la masa de todos los americanos"... Por todo ello los Retratos de Félix Mejía, alias Carlos Le Brun, poco conocidos y mucho menos utilizados por los historiadores del Trienio, constituyen una fuente fundamental para su mejor entendimiento. Más allá de una galería de biografías de personajes, es también una interpretación original sobre el significado de la revolución española por uno de sus principales actores y espectadores mejor informado. En mi opinión es, junto con las Cartas a lord Holland sobre el segundo período constitucional de Quintana, una de las reflexiones de primera mano más lograda sobre este período histórico tan controvertido. Brillantemente escrito, muy agudo en sus observaciones y con un sentido crítico excepcional, el autor admite que si "las circunstancias" fueron las que la hicieron posible, "los hombres que la casualidad puso al frente no eran los más a propósito para dirigir una revolución por convulsiones populares".
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