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Dossier

Ziríes y Nazaríes

La periferia del Reino de Sevilla

BÁRBARA BOLOIX GALLARDO
UNIVERSIDAD DE GRANADA

E1 siglo XI en al-Andalus estuvo marE cado por un dima de desumión porlítica y territorial centrífugo muy distinto del centrípeto que había imperado anteriormente durante el gobierno de la dinastía Omeya de Córdoba (756-1031). Como consecuencia de la caída del califato cordobés en la última fecha señalada, el área andalusí pasó a convertirse en un mosaico diverso de pequeños emiratos regidos por reyes (muluk al-tawaif) de dinastías locales de distintas procedencias (andalusíes, bereberes y eslavos) que coexistieron de manera independiente a lo largo de dicha centuria, en una constante situación de rivalidad de unos con otros por tratar de asumir el liderazgo de al-Andalus dejado por Córdoba. 

Una de estas formaciones fue la taifa de Granada (1013-1090), fundada por una rama de la familia bereber de los Banu Ziri, perteneciente a la gran tribu de los Sinhaya y originaria del Magreb central (Ifriqiya, actual Túnez), donde ya habían creado distintos reinos bajo la protección del califato fatimí de Egipto. Las fuentes árabes sitúan la emigración de este colectivo, encabezado por Zawi b. Ziri, desde su lugar de origen a al-Andalus entre los años 1000 y 1003, dentro del contexto de la reforma militar llevada a cabo al final del califato de Córdoba por Almanzor, quien se afanó en reclutar contingentes norteafricanos para reforzar el ejército omeya en su continua lucha anfibia contra los reinos cristianos peninsulares. Tal vez como recompensa por los servicios militares prestados, los Banu Ziri recibieron hacia el año 1013 el gobierno de la ciudad de Elvira (madinat Il-bira) -situada en Atarfe (Granada)-, cuya población reclamó además su ayuda para defender esta localidad, convirtiéndose en la primera capital de su reino taifa. 

Sin embargo, poco tiempo permanecerían los Ziríes en la ciudad elvirense; conscientes de la inseguridad de la zona ante posibles asedios, Zawi b. Ziri lideró un año más tarde el traslado de los habitantes de Elvira al entonces castillo de Granada (hisn Carnata), situado en el actual barrio de San Nicolás del Albaicín granadino. La estratégica situación de Granada y su riqueza (altura, defensa orográfica, abundancia de agua, disposición de la Vega) reunían unas excelentes condiciones para el desarrollo poblacional y urbano por lo que este enclave fue elegido como la nueva capital de la taifa zirí. Tras reparar las murallas de Granada y comenzar la construcción de la alcazaba antigua, "y en tanto Elvira quedaba arruinada, (los elvirenses) comenzaron a edificar en aquel sitio y cada uno de los hombres del grupo, lo mismo andalusí que bereber, procedió a levantar allí su casa". 

Estos fueron los comienzos de la taifa zirí, una de las formaciones más importantes de al-Andalus que contó en su trayectoria con cuatro soberanos de la misma familia: Zawi b. Ziri (1013-1020), Habus b. Maksan (1020-1038), Badis b. Habus (10381073) y Abd Allah b. Buluggin (1073-1090), el último de sus reyes y autor del célebre Kitab al-tibyan, un libro de memorias personales y dinásticas por el que conocemos al detalle la historia de este reino. 

El reino de Sevilla

A lo largo de la vigencia de los reinos, islámico y cristiano, que tuvieron como epicentro Sevilla, esta ciudad tuvo que coexistir y relacionarse con otras formaciones políticas de al-Andalus. Así, a lo largo del siglo XI el reino taifa de Sevilla, regido por la dinastía árabe de los Abadíes, mantuvo una compleja relación de vecindad política y geográfica con el también reino taifa de Granada creado por la estirpe bereber de los Banu Ziri. Una vez incorporada a la Corona de Castilla en 1248, esta ciudad también jugaría un papel importante en sus relaciones políticas con la dinastía nazarí de Granada.

Detalle de la Sala de los Reyes de la Alhambra.

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