Columnas
Dossier

Rumaykiya, esclava, poetisa y reina

Personaje histórico y legendario, compañera de vida de al-Mutamid

PILAR LIROLA DELGADO
UNIVERSIDAD DE CÁDIZ

Como sucede con el resto de las mues anas, a tener de las que extraer noticias suyas son escasas y parcas en información. La mayoría son también tardías, e incluso las hay de dudosa fiabilidad. Con todo, tanto ella como su hija Buzayna son celebradas por su belleza y afición a la poesía. Rumaykiya es descrita como una mujer hermosa, alegre e ingeniosa. La información dispersa que tenemos de ella está aliñada con notas románticas y legendarias, que son fruto de la fantasía, a veces, y del ensanamiento y hasta de la misoginia en otras. Y con el paso del tiempo ha dado lugar a leyendas, canciones, novelas y estudios seudohistóricos, que no han podido desprenderse de tópicos sin contrastar. De hecho, de Rumaykiya se han contado diferentes anécdotas, que son unas veces recreaciones novelescas, y otras malintencionados infundios. 

El nombre de Rumaykiya procede de su antiguo amo, Rumayk, de quien la compró el príncipe Muhammad en el reinado de su padre, el feroz rey al-Mutadid (g.1042-69), según cuentan el historiador valenciano Ibn al-Abbar (s. XIII) y el polígrafo granadino Ibn al-Jatib (s. XIV). Hasta que entró en la vida del príncipe había sido una esclava al servicio del citado Rumayk. El tunecino at-Tichani (s. XIII-XIV) precisa que trabajaba con los mozos de cuadra encargados de la "remonta de las bestias". 

Conoció al príncipe Muhammad, cuando éste era gobernador de Silves (g. aprox. 1052-8), y desde entonces ambos fueron inseparables. Se dice que el príncipe disfrutaba de sus ocurrencias en las tertulias cortesanas.

ENTRE SILVES Y SEVILLA. Su encuentro se calcula que ocurrió hacia el año 1054, cuando Rumaykiya tenía 14 años, alguno menos que el príncipe. Y en el Algarve vivieron sus primeros momentos de amor, y allí nació, al menos, su primogénito. Los historiadores dicen que al-Mutadid se enojó al enterarse de la influencia que sobre su hijo ejercía esta esclava, pero cuando la conoció, simpatizó con ella y se enterneció con su nieto. 

La pareja se trasladó a Sevilla en torno al año 1058, después de que al-Mutadid asesinara a su hijo mayor, y llamara a Muhammad para nombrarlo príncipe heredero. El astuto rey, conocedor de la influencia negativa que sobre su hijo estaba ejerciendo el poeta y visir Ibn Ammar de Silves, mayor que él, lo apartó de su lado, pero Ibn Ammar volvió a incorporarse a la corte cuando su amigo al-Mutamid, a la muerte de su padre en 1069, accedió al trono de Sevilla. 

El amor que al-Mutamid sintió por Rumaykiya ha dado lugar a la romántica historia que se ha repetido hasta la saciedad de su pretendido primer encuentro a orilas del Guadalquivir. Se dice que reparó en ella un día que paseaba, acompañado de Ibn Ammar, por su soltura al completar el primer hemistiquio de un verso. Al-Mutamid había improvisado, movido por el espectáculo de la brisa que rizaba la superficie del agua: 

El reino de Sevilla

Crónicas árabes tardías presentan a Rumaykiya como una esclava atractiva que supuestamente completó con gracia un verso del joven principe Muhammad Ibn Abbad (Beja, 1039 Agmat, 1095), después convertido en el rey al-Mutamid, lo que llamó poderosamente su atención. Estuvo muy unida a él y desempeñó un importante papel en la taifa sevillana. En un tratado erótico tunecino hay unos encendidos versos suyos en respuesta a una invitación de su esposo, que le había dedicado amorosos poemas. Sobre ella se han conservado juguetonas anécdotas en obras árabes, algunas de las cuales fueron recreadas en El Conde Lucanor.

Palacio de Silves donde Rumaykiya vivió sus primeros momentos de amor con el príncipe Muhammad y en el que nació su primogénito.

imagen

El viento ha tejido en la superficie del agua una cota de malla. 

Y el vate de Silves debía continuar el verso, pero la inspiración no le venía en aquel momento. Entonces una mujer que contemplaba la escena replicó: 

¡Qué [hermosa) coraza, si se solidificara! 

El príncipe quedó prendado de la bella figura. Tenemos varias versiones de esta anécdota atribuida incluso a otros poetas de la corte sevillana. Todas ellas están escritas siglos después de los hechos relatados por autores del Magreb (el citado at-Tichani y al-Maqgari (s. XVI-XVII]) y de Oriente (as-Suyuti (s. XV]), que dicen haberla tomado de una obra andalusí del s. XII desaparecida de al-Hichari.

Para acceder al contenido completo es necesario realizar la suscripción