Uno de los temas de investigación que en los ultimos años está ofreciendo resultados de una calidad indudable, completando nuestra visión de lo que fue ese inmenso universo de la represión franquista, es el relacionado con la que sufrieron y padecieron las mujeres.
Si bien es cierto que el número de hombres fusilados o asesinados fue muy superior al de mujeres —aunque en provincias como Sevilla más de setecientas perdieron la vida tras la sublevación de julio de 1936— nadie discute hoy que las mujeres sufrieron un tipo de represión específica, precisamente por su condición de mujeres; de mujeres y de esposas, hijas o madres de "rojos": violaciones, rapados de pelo y humillaciones de todo tipo, cuyo alcance real posiblemente nunca llegaremos a conocer con exactitud. Y es que aunque a veces se olvide, en el pasado como en el presente las principales víctimas —y las más inocentes— de una guerra son siempre las mujeres, los niños y los huérfanos.
De esa represión es de lo que trata básicamente este libro, centrado en un aspecto poco o nada abordado hasta ahora: la que la dictadura franquista, a través del Tribunal Especial para la Represión de la Masonería y el Comunismo (TERMC), puso en marcha contra aquellas mujeres que, aparte de defender ideales progresistas o republicanos, cometieron la osadía de ingresar en la odiada "Secta", origen de todos los males de España según los vencedores de la Guerra Civil; es decir, en la masonería. Un libro que tiene su origen en la tesis doctoral que su autora, María José Turrión García —vinculada profesionalmente durante muchos años al hoy denominado Centro Documental de la Memoria Histórica— defendió en noviembre de 2020 en la Universidad de Salamanca bajo la dirección de la profesora Josefina Cuesta, maestra de historiadoras e historiadores, recientemente fallecida.
Aunque la masonería femenina fue también, en números absolutos, reducida en comparación con una masonería formada muy mayoritariamente por hombres, la presencia de cientos de mujeres en las logias españolas es una realidad constatable desde finales del siglo XIX, prolongándose hasta los años de la Segunda República. En Andalucía, la región española donde más presencia y arraigo alcanzó la Orden del Gran Arquitecto del Universo, las mujeres llegaron a constituir incluso media docena de talleres exclusivamente femeninos, como los denominados Hijas de la Regeneración, de Cádiz y Virtud, de La Línea; Hijas de la Luz y Estrella del Este, de Málaga; o la Audacia, de Herrera (Sevilla).
A estas logias, o integradas en las "cámaras de adopción" de talleres masculinos, pertenecieron en calidad de masonas un mínimo de ciento cincuenta mujeres andaluzas desde finales del XIX hasta la Guerra Civil. Entre ellas algunas figuras clave en lo que ha sido históricamente la lucha por el feminismo y la igualdad entre hombres y mujeres en nuestro país. Es el caso, por ejemplo, de la gaditana Amalia Carvia, procesada y condenada en 1945 por el TERMC cuando contaba 84 años de edad; la sevillana Ángeles López de Ayala, fallecida en 1926 y procesada casi veinte años después; la almeriense Carmen de Burgos ("Colombine"), fundadora de la logia Amor de Madrid, fallecida en 1932 y a quien se le abrió proceso en 1944; Carmen Brú, fundadora de la logia Virtud de La Línea, asesinada junto con su marido en los primeros días del "Glorioso Movimiento Nacional"; o la malagueña Victoria Kent, que a pesar de que nunca perteneció a logia alguna, fue condenada por el TERMC en rebeldía a 30 años de reclusión mayor.