En 1492 Andalucía unió su historia a la del Nuevo Mundo de una forma que, con luces y sombras, transformaría totalmente ambos territorios. Las relaciones entre este extremo suroccidental de Europa y el continente americano han sido abordadas por los investigadores desde muy diversos ángulos, pero pocos han dedicado tantos esfuerzos a estudiar la historia de la cultura, y en particular de la cultura escrita, en la conformación del Atlántico ibérico como el profesor Carlos Alberto González Sánchez (en la imagen). Fruto de este incansable trabajo han sido numerosos textos académicos que ahora se ven reflejados y, en cierta forma, condensados en este pequeño pero muy valioso libro, que permitirá al curioso lector acercarse a la historia del libro y su circulación entre Europa y América en la Edad Moderna de forma amena, pero rigurosa.
Desde un punto de vista formal, el libro se divide en tres secciones y ocho capítulos, procedentes de otros tantos textos publicados por el autor en la última década, cuando su papel como historiador del libro estaba ya reconocido a nivel internacional. Las tres partes en que se divide la obra (Dineros de Ventura, Los mundos del libro y Atlantes de papel) sirven de guía para adentrarse en la extensa y rica obra de Carlos Alberto Conzález, vertebrada en torno a tres ejes fundamentales: la migración, la cultura escrita y Andalucía. Porque, aunque este libro nos lleve a geografías lejanas y exóticas, siempre, de fondo, aparece Andalucía, y en particular la ciudad de Sevilla, que en la obra de González Sánchez constituye no solo un marco urbano, sino también sentimental, a partir del cual explicar la primera globalización gracias a los movimientos de personas y libros, que necesariamente debían pasar por las orillas del Betis en su trasiego continuo de ida y vuelta entre el Europa y América.
Carlos Alberto González supo entender y explicar la importancia que la palabra escrita tuvo en la construcción del nuevo orden que se inauguró con los descubrimientos geográficos del siglo XV. Palabras escritas como las que intercambiaban los emigrantes a América con sus familias en Europa a través de las cartas, permitiendo que las noticias y los afectos cruzaran océanos, como podemos ver en el primer capítulo del libro, donde se analiza el caso de un cura natural de Chiclana, en Cádiz, pero fallecido en Perú. Palabras también escritas, pero impresas en los libros, que permitieron dar a conocer las novedades de América al público europeo, como fue el caso de la obra del médico sevillano Nicolás Monardes, a quien también se dedica un capítulo en esta obra.
Otra idea central que atraviesa la obra, apareciendo en casi todos los capítulos es la maravilla que los europeos sintieron al encontrarse con América, su naturaleza y sus habitantes. "El hallazgo de América auspició una diferente noción de 'maravilla', ahora referida a lo prodigioso e inopinado", como explica el autor. Lo maravilloso de América se derramó en manuscritos e impresos que recorrieron Europa, pero también era necesario "domesticar" ese nuevo mundo, volverlo parte del universo de los europeos, y para eso, de nuevo, se utilizaron libros. En la segunda parte, dos extensos capítulos nos ponen sobre la pista de los mecanismos legales y comerciales que permitieron que los libros llegaran desde los centros de producción en Europa y España hasta América, pasando siempre, cómo no, por Sevilla. Este fue, precisamente, uno de los grandes temas de estudio de Carlos Alberto, en el que se le puede considerar pionero y maestro.