Descubrir el inmenso legado de Blas Infante en la colección de los cuarenta y cinco discos de pizarra conservados en la Casa de la Alegría de Coria del Río y enfrentarse al estudio y análisis de la amplia gama de músicas que abarca ha sido uno de los retos más complejos abordados en mi larga trayectoria investigadora, al mismo tiempo que uno de los trabajos más gratificantes. Evidentemente, se trataba de un gran reto que no podía obviar como estudiosa de las músicas del mundo y por mi compromiso con la figura del Padre de la Patria Andaluza, con el que me sentía identificada por múltiples razones.
Plantearse un trabajo de investiga•ción sobre la colección de 45 discos de pizarra de Blas Infante implica empatizar con su vida, obra y legado. La curiosidad que suscitaba conocer sus gustos musicales era otro de los factores a considerar, como requisito imprescindible a imbricar en el proceso creativo del trabajo. He de confesar que, en principio, me sentí desbordada al descubrir el volumen de los discos de esta colección y, más aún, al comprobar que el 45% me resultaban poco conocidos. No obstante, como punto de apoyo en la ardua tarea contaba con el artículo pionero de Carcía Callardo y Arredondo Pérez titulado "La música de la casa. La colección de discos de Blas Infante" (2004). El estudio de la trayectoria vital de Blas Infante y de su amplia producción en obras, artículos y apuntes personales me llevaron a observar que fueron cuatro los grandes pilares que sustentaron su compromiso social y sus inquietudes intelectuales: la lucha contra la marginalidad del campesinado andaluz, desde su posición como jurista y hombre solidario; su pasión y el arraigo reivindicativo hacia la historia y la cultura andaluza y andalusí; la defensa del flamenco y de la comunidad gitana, y, por último, la concienciación de la historia y el sufrimiento del pueblo morisco, la persecución y exilio, como germen de su compromiso personal en la lucha por los derechos de los jornaleros andaluces y las clases sociales más desfavorecidas.
Comprobar el vasto legado bibliográfico recogido en su biblioteca de la Casa de la Alegría fue, sin duda, un factor fundamental a la hora de descubrir su pasión por la lectura y una curiosidad, sin límites, por conocer otras culturas y su entronque con las distintas doctrinas. Al fondo bibliográfico integrado por 1.374 volúmenes en obras heterogéneas y de amplios contenidos, se suma un vasto material de archivo en revistas, prensa, apuntes y notas manuscritas sobre temas variados. Los nombres de los autores y los títulos de las obras de este fondo, en distintas lenguas, revela el pensamiento universalista de Blas Infante. Como transmisores del saber en el campo del humanismo y las ciencias, estas obras debieron ser las generadoras e impulsoras de sus inquietudes, realmente propias de un hombre del Renacimiento.
Nos encontramos, pues, frente a un hombre culto, cuya vida y obra revelan el pensamiento universal y las múltiples facetas acuñadas por la personalidad poliédrica del ser humano que supo entender e interpretar la transversalidad que encierra el acercarse a contemplar el mundo de las ideas y la riqueza que atesoran las distintas culturas. Es fácil deducir, por tanto, el conocimiento enciclopédico acuñado por este gran bibliófilo en el arabesco polícromo de las disciplinas reunidas en su biblioteca y la variedad de géneros atesorados en su legado discográfico.
Como arabista, he de confesar la emoción sentida al descubrir las grandes obras de los maestros del arabismo español y europeo, así como sus apuntes manuscritos sobre lengua árabe, frases coránicas, o anotaciones en árabe de términos musicales en la obra Cante flamenco, además de dejar constancia de vocablos similares con la lengua castellana. Hombre autodidacta en el campo de la lengua árabe y su semántica, esta nueva faceta de Blas Infante puede explicar algunos aspectos menos conocidos de su personalidad y una evidente curiosidad que pudo ser el motor que le impulsara a adquirir numerosas obras sobre las lenguas y las culturas orientales.