Suelen aparecer en los medios de cos de la Universidad y, muy especialmente, de los jóvenes universitarios. Da igual si ésta es española o extranjera y tampoco importa mucho si ocupan puestos altos en los escalafones universitarios o no; al parecer, nadie se escapa. "Oxford enseñará menos música clásica 'blanca'". "Un grupo de profesores de la Universidad pretende descolonizar el plan de estudios tras calificar como 'colonialista' la notación musical". Otro titular: "Ofenderse se ha convertido en una valiosa moneda moral; las universidades enseñan a detectar la ofensa y a hablar de ella". Jueces morales y casi analfabetos: "Hay universitarios que tardan 15 minutos en leer dos hojas de un libro". Y otro titular: "Mandar trabajos no sirve porque los alumnos usan ChatGPT".
La radiografía sirve para diagnosticar; pero se convierte en un problema si se somete al paciente a continuas exposiciones. Esto, a mi juicio, es lo que está sucediendo. Va de suyo que negar la evidencia constituiría una temeridad. Yo faltaría a la verdad si no reconociera que en las aulas hay tramposos y estudiantes poco comprometidos con el esfuerzo. Ahora bien, debemos tener mucho cuidado con las generalizaciones; especialmente si pertenecemos a las humanidades pues nadie mejor que nosotros para saber el grado de arbitrariedad, opresión y sufrimiento que causaron las condenas colectivas del pasado.
Si el espacio disponible para este enfoque fuese mayor, abordaríamos las razones que las impulsan e incluso podríamos especular qué se oculta tras ellas. No hay que ser muy perspicaz para comprender lo elevado que queda uno si echa por tierra todo lo que le rodea. Al grano: meter a todos los estudiantes en un mismo saco es una injusticia que, además, no se corresponde con la realidad. Que no todo el mundo está de acuerdo con estas visiones ruinosas lo demuestra el hecho de que son legión los que hacen avanzar la pelota. Debería emplear el resto del espacio en ponerles nombres y apellidos; pero basta con esta pregunta: ¿qué hacemos para curar al enfermo? ¿Y qué con los que están sanos?
El 21 de junio de 2023 se celebró en el Museo de la Autonomía la primera reunión del Consejo Editorial de Humanidades. Entre los numerosos temas acordados hubo uno que, a mi juicio, sobresalió: apoyar la investigación e impulsar la difusión del conocimiento, partiendo desde las primeras etapas educativas y ayudándonos con los medios que el Centro de Estudios Andaluces pone a nuestra disposición. La revista que ustedes tienen entre manos es una de esas herramientas y por eso el lector encontrará una nueva sección en este número: "Jóvenes Valores". Está concebida para abrir la revista a esos estudiantes de grado que trabajan con ahínco; que demuestran día a día una especial predisposición para dejarse enseñar; jóvenes que siempre están dispuestos a aprender. De lo que se trata es de que cualquier docente andaluz pueda ofrecer, bajo su tutela y magisterio, la oportunidad de publicar un primer trabajo de divulgación. Es una forma de reconocer la excelencia que existe en las aulas; una herramienta para despertar la ilusión en los estudiantes; supone también una ocasión para dar ejemplo al resto de compañeros y, por supuesto, constituye una magnífica oportunidad para recuperar la tantas veces añorada relación alumnos-profesores. Esta iniciativa, pionera en España, nace bajo el amparo del CENTRA y su Consejo Editorial de Humanidades. El primer trabajo lo firma Ana Bueno Vega; una alumna que, en segundo de carrera, dio sobradas muestras de excelencia, compañerismo y ganas infinitas por seguir aprendiendo. Un ejemplo de esa otra Universidad que nos convierte a los docentes en los profesionales más afortunados del mundo.
JOSÉ ANTONIO PAREJO FERNÁNDEZ
DIRECTOR DE ANDALUCÍA EN LA HISTORIA
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