Cada lector tiene su librería ideal en la cabeza, no asi el comprador de libros casual que depende de las leyes puras y duras del mercado. Creo que es un hecho demostrado que cada vez hay menos lectores, pero no así compradores de libros. La primera consecuencia de ello es que las librerías, llamémoslas tradicionales, están desapareciendo en beneficio de unos espacios más neutros y cercanos al concepto de grandes superficies. Lo cierto es que en general tanto los lectores habituales como el comprador casual desconocemos casi en su totalidad la trastienda de las librerías, y precisamente esto es lo que más interesa de Un hogar en el libro de Antonio Rivero Taravillo. Se equivocarán quienes piensen que se trata solo de una entretenida autobiografía de cómo cambió en profundidad todo el negocio de la venta de libros en Sevilla haciendo realidad la búsqueda de esa librería ideal que los tiempos actuales exigen. En realidad, es una anatomía perfecta de lo que son o deberían ser las librerías.
Como bien se indica en la contraportada, existen no pocos libros sobre librerías, pero se suelen hacer sobre librerías independientes o de gran tradición local. Rivero Taravillo se enfrenta justamente a lo contrario, al relato personal y pormenorizado de la instalación de una gran librería en una capital de provincia que carece de esa oferta. Vender cualquier producto cultural tiene sus complicaciones, sobre todo si no se saben los mecanismos que imperan en ese mundo.
Taravillo conoce a la perfección ese mundo, como consumidor, escritor de ensayos, novelas o libros de viajes, además de traducciones varias, y para colmo ha estado relacionado con la venta de los libros. Es decir, conoce todos los ángulos del tema que trata, y lo hace de forma directa y sin ambages. En paralelo, o mejor decir de telón de fondo, el mundo de las grandes editoriales y sus múltiples contradicciones e intereses, que por cierto convierten a este libro en una especie de novela del género negro al estilo nórdico de los entresijos oscuros de las editoriales de periódicos, tan habituales en las series televisivas al uso.
Sería un error de bulto pensar que el libro solo puede interesar a lectores sevillanos que conocen, al menos de nombre, las librerías que se citan o la larga lista, con nombres y apellidos, sin pudor alguno, de las personas que circulan por sus líneas. Da igual conocerlas o no, porque en definitiva son idénticas en todas las ciudades. A Taravillo le da igual que se traten de autores consagrados, grandes empresarios o humildes empleados; a todos los define con precisión y habilidad, algunas veces de una forma negativa y otras positiva, pero siempre alejado del cotilleo o de la banalidad.
Quienes hayan leído otras obras del autor verán en este libro un estilo quizás diferente pero ciertamente mucho más fluido y directo. Personalmente he de decir que me lo he leído de un tirón y sobre todo he aprendido una barbaridad de ese mundo de las librerías y de las editoriales, de ese mar repleto de depredadores y de pequeños reptiles.