Columnas
Dossier

Los viajes de extranjeros por la Andalucía del Siglo de Oro

Elogios y críticas en tiempos del Barroco

FRANCISCO SÁNCHEZ-MONTES GONZÁLEZ
UNIVERSIDAD DE GRANADA

Conocer Andalucía no era fácil. Sus deficientes caminos de herradura y los escasos carriles determinaban el aislamiento de muchos de sus territorios, en especial en el reino granadino. Lo usual era viajar "a pie", caso de los autóctonos, aunque se podían alquilar los jumentos. El alemán Diego de Cuelbis comenta que él "andaba con un burrito, como es la costumbre allí", y para el comercio eran frecuentes las acémilas de trajinantes y arrieros donde poder colocarse. Los escasos carruajes marcaban a una clara distinción social y en el XVII se introdujo la calesa, que fue el medio utilizado por el visitante Cosme de Medici. Además, había que confiar en "no dormir al raso" y el Repertorio de Pedro Juan de Villuga señalaba a mediados del XVI donde poder dormir. 

En las ciudades importantes existían posadas con alojamiento completo, pero eran escasas, mientras que los mesones era más propios de trajineros y ofrecían cuartos a compartir donde, según Bertaut, prestaban "las camas, la ropa y el fuego" pagando por catre "un real, real y medio o dos reales de vellón". 

Las conocidas ventas se ubicaban en despoblados y algunas, por su importancia, a la vera de los principales caminos. Su calidad era mediocre, y así la sevillana Venta Nueva disponía de solo "dos míseros cuartos en el primer piso, uno en la planta baja, un henil, un cuarto con chimenea donde se cocina y delante de un establo muy grande", e incluso a la Venta de los Arquillos era calificada de "lugar miserable". Sin embargo, en el extremo opuesto la Venta de los Santos era considerada un "caserío muy bueno [...] construido más bien como vivienda de señor que como hostal de arrieros". Podía suceder que no existiera oferta, por lo que un viajero llegado a Lepe comenta que "en la posenta cerca de la plaza no había camas" y como "en todo este camino (no hay] sino dos ventas que están allí porque los caminantes tengan vino y otro recaudo cuando están cansados en el verano". También, debido a la falta de higiene, era aconsejado que se "tengan los aderezos de camas y lo demás que sea necesario para con la limpieza y buena provisión que convenga" y evitando otros problemas era recomendado "llevar todo en alforjas". 

La seguridad era un grave problema y recorrer Andalucía no era fácil pues determinados sitios se señalaban por su especial peligro, aunque en realidad en ella "todos los caminos están llenos de ladrones (que] roban a cuantos topan y quitan de carros y coches cuantas mulas hallan"; destacando sobre todo la Sierra Morena entonces castigada por "una partida de forajidos capitaneada por un ex fraile (...] acaudillando una gran tropa [...] que sale a los caminos a pedir por la boca de cañones reforzados". Sin embargo, como contraste, en la Sauceda de Ronda se logró combatir con éxito una banda de malhechores "quedando desierta y los caminantes libres y la tierra segura". 

Andalucía recibió a todo tipo de visitantes, muchos de los cuales poseían un alto nivel cultural. Cosme de Medici, bien instruido, conocía la obra de Bernardo José de Alderete sobre La antigüedad de España y El origen de la Lengua Castellana; François Bertaut habla de Ilíberis y el primer Concilio de España, con citas a Mariana y Pedraza, e incluso muestra saber acerca de la Historia de las guerras civiles de Granada de Pérez de Hita, además eran útiles como ayuda las Guías y Avisos de viajeros. En la frontera del siglo XVII, de 1599 a 1600, llega a ella el citado joven estudiante alemán Diego de Cuelbis, quien poseía una amplia formación pues conocía el latín y obras clásicas e incluso hablaba en un castellano defectuoso. Le acompañaba su amigo Joel Koris y un esclavo y de su viaje dejó anotaciones en un manuscrito acompañado de una serie de dibujos. 

Viajeros en Andalucía

La poderosa atracción que el Sur ejerce sobre sus visitantes extranjeros ha sido motivo para las numerosas narraciones de viajes que existen sobre Andalucía al ser una tierra recorrida por embajadores, artistas, mercaderes, peregrinos, reyes y mendigos. En definitiva, por gente de toda clase social, incentivando su visita el interés político, la causa económica, los aspectos religiosos o bien la mera curiosidad. La extensa nómina de los que conocieron el territorio andaluz del Renacimiento a la Ilustración es abundante y de sobra conocida; no obstante, también es de interés acercarse a los forasteros que vieron la Andalucía del Barroco, en una centuria, la del Seiscientos, de fuerte crisis y conflicto social, unas circunstancias que hubieran desaconsejado cualquier viaje de riesgo.

Ecija en el siglo XVII. Pier María Baldi. Viaje de Cosme de Medici, 1679.

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