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Imágenes de la Guerra Civil en Andalucía

Miradas irlandesas, británicas y norteamericanas

MARÍA LOSADA FRIEND
UNIVERSIDAD PABLO DE OLAVIDE

Como parte del legado en lengua inglesa que relató e interpretó el drama de la Guerra Civil española, los relatos de viajes por Andalucía destacan como un género insustituible. 

"No habrá más viajeros sentimentales", así afirmó categóricamente Kate O'Brien, en Adiós, España (1937), un libro nostálgico de recuerdos, inspirado por el horror a la Guerra Civil y escrito a la vez que esta ocurría. Su narración establece la clave que explica la transformación del género de libros de viajes que retrató la Guerra Civil española. O'Brien asumía la pérdida de la inocencia y del tono ensoñador que tantas veces había caracterizado a los relatos de viajes anglo-norteamericanos por España hasta bien entrado el siglo XX. 

Su obra y estilo contundente y directo constituye otra de las muchas voces en lengua inglesa que acusaron el giro que fue dando nueva forma al género, dejando de lado la España pintoresca de los viajeros tradicionales. Narraciones y retratos de realidades dramáticas se incorporarían al relato mostrando una imagen más realista, auténtica y sobrecogedora del país. Fue una transición que utilizaba imágenes donde se mezclaban el idealismo y la euforia iniciales, el carácter rebelde y heroico, la propaganda, el horror, el silencio y la reflexión sobre el sentido de la guerra. Supuso otro ángulo diferente para registrar la vida diaria del país en guerra en un periodo terrible. 

Bien es cierto que en los primeros años del siglo XX habían desfilado por España una serie de viajeros que aún la describían como lugar exótico y original. Llegaron a Andalucía los británicos que rezumaban novedades modernistas asombrados del primitivismo de las costumbres, como los del círculo de Bloomsbury (Carrington, Strachey, Partridge y los Woolf), que visitaban a Gerald Brenan, afincado primero en el Yegen de las Alpujarras y en Churriana y Alhaurín después. Comenzada la guerra, sin embargo, Brenan y su mujer, Gamel Woolsey, serían testigos directos de los horrores en Málaga, el primero en diarios y reflexiones duras en El laberinto español (1943) expresando su dolor sobre Andalucía y Woolsey en Málaga en llamas (1939) relatando el cruento periodo de los incendios en Málaga, describiendo el humo, el miedo y la locura en ese "otro reino de la muerte" que retrató. 

Otro grupo viajero de principios de siglo lo había constituido el de las "mujeres al volante". Americanas, cultas e independientes, como la Premio Pulitzer Edith Wharton, la profesora americana Katharine L. Bates o la multimillonaria y escultora Gertrude Vanderbilt Whitney, recorrían partes de la península en coche, admirando la cultura y estética de un país donde aún proyectaban estereotipos pintorescos. Whitney incluso dejó en Andalucía su huella personal con el monumento a Colón en la bahía de Huelva. Curiosamente, su inauguración en abril de 1929 ante el general Primo de Rivera, se hizo con la representación triunfal de fuerzas navales españolas, en concreto con el crucero Almirante Cervera, que sería pocos años más tarde uno de los muchos barcos de las batallas navales dramáticas de la Guerra Civil, como el Canarias que hundió barcos y bombardeó depósitos en Almería en 1936. 


Viajeros en Andalucía

Los libros de viajes en lengua inglesa sobre la Guerra Civil española en Andalucía, tanto en los albores de la contienda como en los difíciles años en que España aguantó el conflicto y los sinsabores de la postguerra, probaron la paulatina transformación de este género literario. Retrataron una Andalucía herida en una época trágica alejándose de estereotipos pintorescos y demostrando auténtico apego por un país admirado.

España se volvió centro de interés internacional, apareciendo sus protagonistas en la portada de la revista Time desde 1924 a 1946 hasta en nueve ocasiones. Esta es del 24 de agosto de 1936.

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También Laurie Lee es testigo ese año de un bombardeo por error al pueblo de Almuñécar, y describe el "puro pánico", la "luz del terror" y "el quejido desgarrador de los proyectiles", imágenes que empezarían a ser habituales en los libros de viajes. Lee demostraba con su relato que el poder republicano controlaba en un principio la costa sur, así como Cecil Day Lewis recrearía en su conocido poema épico El Nabarra (1938) la contienda naval desigual del norte entre potentes cruceros militares y modestos bacaladeros. 

Por ello, si bien el grupo de viajeros y viajeras diletantes y acomodados de principios de siglo recogió sus impresiones en diarios o memorias de viajes vislumbrando aún con relativa distancia los cruentos problemas sociales y políticos, el cambio de dirección del libro de viajes se hizo evidente a medida que avanzaron los años treinta. El compromiso político y el impulso propagandístico apoyando a uno u otro bando se hizo en muchas ocasiones parte esencial y visible de las obras. 

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