Este trabajo está dedicado a doña Brianda de Villavicencio, una mujer excepcional que vivió en Jerez de la Frontera a fines del siglo XV y durante la primera mitad del XVI. Miembro de un destacado linaje, los Villavicencio, emparentó con otra ilustre estirpe a través de su matrimonio con Hernán Ruiz Cabeza de Vaca. Fue a raíz de enviudar, en torno a 1509, cuando nuestra protagonista salió del silencio del hogar marital para convertirse en un destacado miembro de la sociedad jerezana a través de sus actuaciones de índole socioeconómica, a partir de su rico patrimonio, y religiosa, tras su ingreso en la orden tercera franciscana.
Documento firmado por Brianda de Villavicencio cuando se hace pasar por monja.
El presente trabajo versa sobre una mujer excepcional, dona Brianda de Villavicencio, que vivió en Jerez de la Frontera a finales del siglo XV y primera mitad del siglo XVI. Siempre que se habla del papel de las féminas en la historia es necesario comenzar con una afirmación y es que, a pesar de la abundante publicación sobre cuestiones históricas, existe aún un importante vacío por llenar con respecto a uno de los protagonistas de la historia en relación a las mismas. Esto supone una gran contradicción pues el sexo femenino (o más políticamente correcto el género femenino) constituye la mitad e incluso algo más de la mitad de la población. La razón puede parecer evidente: la mujer estaba alejada de los campos de batalla y de los centros de acción política, pues su puesto estaba en el hogar y su vida en la familia. Esta situación llevó durante muchos años a lo que Mary Nash denominó la "invisibilidad de la mujer en la Historia". El panorama comienza a cambiar a partir de los años 6o cuando se produjo una segunda oleada de feminismo que fomentó la investigación de la mujer en la Historia. Desde entonces las publicaciones que tienen por objeto de estudio a mujeres o colectivos de mujeres se han multiplicado llenado numerosos espacios de ese vacío historiográfico.
En el caso de la Edad Media, periodo en el que desarrolló su existencia vital nuestra protagonista, el estudio de la mujer no es fácil por muchas razones. Una de ellas es la escasez de fuentes, pero ello no justifica que se construya una visión global de las mujeres en la Edad Media que solo existe en un plano muy teórico. Es en el día a día donde vamos a encontrar diferentes tipos de mujeres, al igual que diferentes tipos de hombres, porque poco más que el sexo comparten una reina y una campesina al igual que un noble y un labriego.
En este sentido, se ha construido una imagen teórica en virtud de la cual las mujeres ocupaban en la sociedad bajomedieval una posición por detrás de los hombres y sometidas a ellos. Desarrollaban unas tareas propias, las domésticas y las reproductoras, que debían cumplir de acuerdo con el grupo social al que pertenecían, edad y estado. Pero se trata de una consideración general de la que escapan numerosas situaciones particulares, gracias a la capacidad femenina para sortear la autoridad masculina en una sociedad y en la legislación que la regía donde se consideraba al hombre poseedor de una mejor y más alta condición que la mujer. Un ejemplo claro de lo que afirmamos es doña Brianda de Villavicencio.
Por otro lado, en la mayoría de las grandes religiones la mujer ha experimentado y experimenta un trato desigual con respecto a los varones con los que comparte credo. Así ocurría en la Baja Edad Media y en una religión concreta, el cristianismo romano-católico. Por entonces la mujer, al igual que en la sociedad, la política, la economía o la familia a las que pertenecía, veía limitados sus derechos como miembro de la Iglesia cristiana.
Firma de cuando actúa como doña Brianda.
Hubo vías a través de las cuales las mujeres pudieron disfrutar de derechos y obligaciones similares a los fácilmente gozados por los hombres
Pero hubo excepciones que permitieron a las mujeres de la Edad Media lograr un amplio margen de actuación pese a las limitaciones. Hubo vías a través de las cuales fue posible disfrutar de derechos y obligaciones similares a los fácilmente gozados por los hombres por el simple hecho de su condición masculina. Algunas mujeres supieron hacer de la religión su mejor aliado para el desarrollo de sus opciones y libertades individuales. De nuevo, doña Brianda de Villavicencio constituye una excelente prueba de ello con su pertenencia al colectivo de terceras franciscanas.
EL LINAJE. Doña Brianda nació en Jerez en los años finales del siglo XV en el seno de uno de los linajes más importantes de la que era la segunda ciudad del Reino de Sevilla, los Villavicencio. Su padre fue Juan Núñez de Villavicencio y su madre Catalina Rodríguez. Doña Brianda contrajo nupcias con un miembro de otro destacado linaje jerezano, Hernán Ruiz Cabeza de Vaca, quien debió fallecer en torno al año 1509. Nada se conoce de la infancia de nuestra protagonista ni de su vida en matrimonio, sino que es cuando adquiere la condición de viuda cuando se hace presente en la documentación a través de distintas actuaciones de variada naturaleza.