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Cuando los caminos del arte confluyen

Viaje y artistas durante la Edad Contemporánea

EMILIO ESCORIZA
MUSEO CASA DE LOS TIROS EN GRANADA

La nueva sociedad y las nuevas formas de pensamiento racional que se desarrollaron a partir del Siglo de las Luces serían el germen para que eclosionara una curiosidad e inquietud enciclopédicas, igualmente, favorecedoras de un interés sin igual por el conocimiento de las culturas antiguas. Este interés estuvo centrado en el redescubrimiento, sobre todo, de los países mediterráneos en los que tuvieron lugar los grandes hitos de la civilización occidental, es decir, Roma y la Grecia clásica. Por ello, se generó un viaje iniciático para los miembros de la nueva burguesía y aristocracia ilustradas desde los países del norte de Europa que se dio a llamar el Grand Tour. España y Andalucía estaban excluidos de esta ruta, dado que en aquel momento eran vistas como una tierra incivilizada llena de católicos y personajes vagos y pendencieros. 

No obstante se pueden rastrear diversos casos pioneros de artistas y anticuarios foráneos atraídos por la curiosidad histórica ilustrada que visitaron Andalucía antes de la plena eclosión del Romanticismo, como el escritor y viajero inglés Henry Swinburne, el arquitecto y anticuario irlandés James Cavannah Murphy, el también anticuario William Gell, o el francés Jean-Lubin Vauzelle que realizó una serie de dibujos para el proyecto bibliográfico de Alexandre Laborde, Voyage pittoresque et historique en Espagne, patrocinado por el Rey Carlos IV. 

ATRACCIÓN DE LO EXÓTICO. La poca incidencia en las rutas ilustradas europeas hasta finales del siglo XVIII empezó a cambiar gracias a una guerra, que en España llamamos "de la Independencia" (antes la llamábamos "la francesada", el mundo anglosajón la denomina "Peninsular War" y en Francia se conoce como "el levantamiento y revolución de los españoles"), que sirvió para forzar el contacto y el conocimiento de aquella tierra situada más allá de los Pirineos, y, de paso, forjar la idea de patria y nación española, como reacción al invasor francés. 

Desde ese momento, hasta el apogeo de la Hispanofilia que vivió todo el mundo civilizado a finales del siglo XIX, se dió un proceso, primero de descubrimiento y admiración por parte de viajeros de toda clase y dedicación (literatos: Chateaubriand o Washington Irving; artistas: Laborde, Baron Taylor, David Wilkie; o eruditos y coleccionistas: Ford y Julián Williams; o simplemente viajeros por placer: Dolgorouki, Disraeli) para posteriormente añadir a la ecuación un factor tipificador que daría lugar a una visión simplificada y, a menudo, deformada, de nuestro país, su arte, sus costumbres y su historia. 

Incorporada España a la ruta del Grand Tour, la parada obligatoria era Andalucía, depositaria del pasado islámico, pero también paradigma del fervor católico y una de las principales señas de diferenciación entre la cultura española latina y la anglosajona anglicana. Esta circunstancia llegó incluso a atraer iniciativas predicadoras anglicanas como la Sociedad Bíblica, y con ello a uno de los colportor (vendedor puerta a puerta) más peculiares: George Borrow. Su experiencia en España dio lugar a uno de los libros de viajes publicados en inglés, The Bible in Spain, traducida por primera vez al español por Manuel Azaña.

Viajeros en Andalucía

Desde que Andalucía fue redescubierta y puesta de moda por los literatos y artistas románticos, nuestra región, como paradigma de lo español, se convirtió en lugar de visita obligada para todos aquellos que se veían atraídos por su rico pasado, sus costumbres y sus peculiares paisajes. La atracción por lo lejano y lo exótico indudablemente fueron fundamentales para este fenómeno, uno de los más interesantes y complejos en nuestra historia del arte desde el siglo XVIII hasta prácticamente la actualidad. El cómo ha sido plasmada visual y estéticamente Andalucía es el objetivo que nos ocupa en estas páginas.

John Frederick Lewis, el capitán Boscasa y Richard Ford durante una cacería, dibujados por este último.

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En la invención y transmisión de esa visión tópica de lo español tuvieron un especial protagonismo dos artistas británicos y viajeros del siglo XIX: David Roberts y John Frederick Lewis

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