Sobre el rey Pedro I de Castilla bemos ya a estas alturas del siglo XXI casi todo lo más trascendental como para estar bien informado en su conjunto de los avatares mas importantes de su prolijo reinado, tanto el ámbito científico de la investigación heurística rigurosa como en el de la divulgación ilustrada mas encomiástica. Y, sin embargo, siempre recibimos con notable interés bibliográfico la edición de nuevas síntesis interpretativas acerca del rey don Pedro y de su tiempo. En este sentido, el libro que ahora participamos es una reconstrucción histórica a modo biográfico muy original y moderna, pues su autor huye de planteamientos historiográficos vacuos y se fundamenta en el perfecto conocimiento y selección de las fuentes cronísticas y literarias petristas, así como en la exégesis de la bibliografía más actualizada y excelente sobre el monarca, ya cruel, ya justiciero.
Estamos además ante un texto muy bien escrito y de fácil lectura, incluso para el lector poco o nada instruido en la materia historiada.
La maestría expositiva del autor, Antonio Montero Alcaide, y su experiencia didáctica resultan una herramienta básica de la compresión argumental cuando la trama histórica de mediados del siglo XIV pudiera confundir al lector en una cascada de personajes Alfonso XI, Leonor de Guzmán, Enrique de Trastámara, Blanca de Borbón María de Portugal, María de Padilla, etc.insertos y explicados cada uno en sus acontecimientos específicos con criterio pedagógico, especialmente cuando la "sangre derramada" a todos salpica e identifica ante las violencias o "justicias" del complejo monarca castellano. Es uno de los capítulos mas logrados. Pero vayamos por partes. Y regresemos al inicio de la obra de manera ordenada.
Efectivamente, estructura con acierto la obra Antonio Montero en seis capítulos, cuyos contenidos fundamentales y explicaciones se adelantan en su conjunto en la introducción de la síntesis. No vamos a repetirlos ni mucho menos a reinterpretarlos para no cansar al lector, sino por el contrario, animar a su lectura señalando que el autor consigue mantener en todos ellos el interés por el desenlace final; un epilogo descifrado en la que la "muerte" en sus diversas circunstancias parece siempre justificar las postrimerías y los destinos petristas siempre marcados por los presagios y la premoniciones en diferentes crónicas áulicas que siguen, interpretan, y en algunos casos, incluso corrigen a la de Pedro López de Ayala.
La maestría discursiva de Montero Alcaide nos introduce, poco a poco, con regusto vindicativo de la figura histórica del rey don Pedro —como buen carmonense— en la iconografía del monarca y en sus leyendas sevillanas. No olvida tampoco el autor un interesante, si bien prolijo, cotejo de las diferentes crónicas petristas. Como si de un escenario teatral se tratara, van desfilando los personajes, hombres y mujeres del siglo XIV que determinaron las circunstancias y competencias del Pedro I en su vida y en su muerte. Sin darse cuenta —o tal vez sí— el lector incluso se sube al escenario petrista, se introduce en el tiempo y en el drama, y toma partido por el rey o por sus adversarios en una propaganda siempre beligerante. Tal nos parece el beneficio de la obra; nos acerca directamente al hecho histórico de las "reinas, amigas y descendientes" del monarca; o bien nos hace participe a modo de juez de un aterrador "memorial de muertes", incluida la del propio rey.