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ARCHIVO GENERAL DE ANDALUCÍA

Licencias para leer libros prohibidos

El control de la Inquisición sobre la cultura

El Tribunal del Santo Oficio o Inquisición fue instaurado bajo el reinado de los Reyes Católicos en 1478. En un principio, el tribunal velaba por la ortodoxia religiosa en los reinos hispánicos teniendo especial celo en vigilar y controlar a los denominados conversos, es decir, judíos que habían renegado de su antigua fe y se habían convertido al cristianismo. También la Inquisición funcionó como un dogal para la libre circulación de ideas a través de la censura y prohibición de libros. No obstante, los tribunales inquisitoriales, a veces, rompían la norma y expedían licencias a determinados individuos para leer, precisamente, libros prohibidos. Mostramos tres de estas licencias de distintas épocas históricas.

CARLOS A. FONT GAVIRA
ARCHIVO GENERAL DE ANDALUCÍA

El Tribunal del Santo Oficio, conocido, popularmente, como la inquisición, nació en Francia en 1183. Su misión era perseguir la herejía en el seno de la Iglesia Católica. En España tardaría en instaurarse el tribunal inquisitorial puesto que los obispos tenían jurisdicción propia para juzgar los delitos de fe. Habrá que esperar siglos, hasta el año 1478, bajo el reinado de los Reyes Católicos, para que el papa Sixto IV (1414-1484) promulgase la bula Exigit sinceras devotionis affectus, que daba paso la creación del Tribunal del Santo Oficio en Castilla. 

La Inquisición se convirtió pronto en una tentación por parte de la Monarquía para su uso e instrumentalización, ya que los reyes tenían la potestad de nombrar y cesar inquisidores. En un principio la misión primordial de los tribunales inquisitoriales fue tratar la cuestión de los conversos 0 "cristianos nuevos". Con este término se refería a los judíos convertidos al cristianismo de los que se dudaba la sinceridad de su nuevo credo. La cara más siniestra de la acción inquisitorial la representó los autos de fe en los cuales los condenados abjuraban de sus pecados y, a veces, eran quemados. 

La Inquisición también funcionó como un órgano de represión de las ideas a través de la censura de libros. Es célebre la publicación del Índice de Libros Prohibidos (Index Librorum Prohibitorium et Derogatorum), a petición del papa Pío IV (1499-1565), durante el Concilio de Trento (1545-1563) como respuesta a la Reforma protestante. El Index incluía todas las obras y autores prohibidos en los territorios de la Monarquía Hispánica. Se sucedieron las ediciones de los índices de libros prohibidos durante siglos, hasta llegar a su última edición en 1948. 

El siglo XVIII, también conocido como Siglo de las Luces, se caracterizó por el afán de progreso y desarrollo en base a determinadas ideas. El movimiento cultural de la Ilustración abarcó todas las áreas de la creación humana: Literatura, Arte, Música, Arquitectura y Filosofía. El denominado "Despotismo Ilustrado" fue una variante de la Monarquía que pretendía conciliar el absolutismo con las nuevas ideas de la Ilustración. No obstante, a pesar de los proyectos reformistas propulsados por los reyes del Setecientos, el orden social seguía descansando en la misma tríada: trono, nobleza y altar. Algunas de las mentes ilustradas más destacadas de España fueron Macanaz, Campomanes, Floridablanca, Olavide, Aranda o Azara. 

Uno de los proyectos capitales de los reyes españoles del siglo XVIII fue la aplicación del regalismo, es decir, la superioridad del poder real sobre algunos asuntos manejados por la Iglesia. En otras palabras, marcar terreno y no permitir la injerencia de la Iglesia en determinados asuntos de índole interna. Así pues, se firmaron dos concordatos con la Santa Sede (en 1717 y 1753), pero las relaciones Iglesia/ Monarquía siguieron siendo tensas. La Inquisición no gozaba del poder omnímodo de siglos anteriores pero aún conservaba una influencia social y poder coercitivo aplicado, sobre todo, a reprimir las ideas políticas, censurar libros y limitar el pensamiento. 

Carlos III pretendió disminuir la influencia de la Inquisición y poner al Santo Oficio bajo las órdenes del poder real. Un ejemplo de esta fricción entre poderes acaeció en el año 1761 cuanto se estableció la supremacía de la censura real sobre la inquisitorial. El rey se negó a aceptar la condena, por parte del papa y la Inquisición, de la obra La exposición de la doctrina cristiana del teólogo francés François-Philippe Mésenguy (1677-1763). Esta disputa significó el destierro del inquisidor general Manuel Quintano Bonifaz (1699-1774), quien tuvo que retractarse de incluir esta obra en el Indice de libros prohibidos. 

FRANCISCO DE SAAVEDRA. En este listado de libros aparecían las obras, según la Iglesia Católica, peligrosas y dañinas para la fe e Iglesia católica. Sin embargo, en puntuales ocasiones, la autoridad eclesiástica expedía un documento en sentido contrario, es decir, una licencia para leer libros prohibidos. En el Archivo General de Andalucía conservamos uno de estos excepcionales documentos a nombre del ilustrado Francisco de Saavedra y Sangronis (1746-1819). Hijo de su tiempo, Saavedra desempeñó numerosos cargos públicos en los más variados destinos: Argel, La Habana, etc. Las responsabilidades de Saavedra no menguaron puesto que, en mayo de 1789, Carlos IV le promovió a una plaza del Supremo Consejo de la Guerra y en 1797 fue nombrado ministro de Hacienda. Con más de sesenta años, Saavedra representaba el modelo ideal del perfecto ilustrado: reformista, curioso y portador de una cultura enciclopédica.

Licencia a Francisco de Saavedra para leer libros prohibidos (1784).

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Licencia a Salvador Sebastián para leer libros prohibidos.

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