Columnas

Gerda Taro y Robert Capa en Andalucía

Fotoperiodismo de guerra y compromiso antifascista

La Guerra Civil española (1936-1939) despertó un interés inusitado en todo el mundo, especialmente por el apoyo militar de Hitler y Mussolini a los golpistas, atrayendo a un gran número de corresponsales de prensa internacional para seguir los hechos y, en el caso de los antifascistas, también para apoyar la causa republicana. Jóvenes fotógrafos, como Robert Capa, Gerda Taro y unos pocos más, crearon la nueva figura del fotoperiodista de guerra, cuyas imágenes directas del frente y la retaguardia produjeron un gran impacto en la opinión pública internacional y contribuyeron a moverla a favor de la República.

ANA PÉREZ LÓPEZ
UNIVERSIDAD COMPLUTENSE DE MADRID

La famosa foto del miliciano fue publicada por la revista Vu en su número de septiembre e inmediatamente se convirtió en icónica. La imagen alcanzó verdadera resonancia internacional cuando la revista Life la reprodujo en julio de 1937.

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Durante el escaso año que Gerda Taro y Robert Capa trabajan juntos en la España de la Guerra Civil, hacen tres viajes a Andalucía en tres momentos importantes de una contienda en la que ellos se sienten totalmente identificados con la República y sus defensores. 

Sus primeros encuentros con la situación bélica tienen lugar en la retaguardia. Llegan a Barcelona el 5 de agosto de 1936, y allí fotografían a mujeres con mono azul portando armas, niños jugando en las barricadas, trenes abarrotados que parten hacia el frente y milicianos con el puño en alto. Estas fotos muestran ya lo que será una característica esencial de sus reportajes fotográficos: las imágenes de un individuo o de un grupo como encarnación del colectivo, que aquí reflejan el entusiasmo desbordante de un pueblo que repele la agresión fascista. 

Ahora bien, lo que encuentran en Madrid es algo muy distinto: la ciudad se prepara para afrontar la guerra, mientras en la sierra de Guadarrama tienen lugar duros combates a los que los periodistas no tienen permitido acceder. En sus fotografías Gerda utiliza una Rolleiflex, Capa, una Leica, aunque también las intercambian, lo que dificultará establecer la autoría de cada foto, ya que en principio todas llevan la firma de Capa. Esta confusión se dará también con algunas de su amigo, el refugiado polaco David ("Chim") Seymour, pues los tres, que a menudo coinciden en los lugares y los temas, las envían juntas a revelar a París. 

Lo que Gerda y Robert buscan es la fotografía a ras del suelo, la cercanía al lugar en el que se está haciendo la historia, donde están sus verdaderos protagonistas, y creen en el poder de la fotografía de desvelar la verdad y en su capacidad de penetrar, a través de la retina, en la conciencia de los lectores. Según su biógrafo Richard Wehlan, Capa diría que "ante una guerra hay que odiar o amar a alguien, tomar partido, sin lo cual no se soporta lo que ahí ocurre". 

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