El franquismo se fue de fiesta ofrece una mirada diferente y novedosa, pues su propósito es estudiar la España de Franco a partir del impacto que proyecta la dictadura en las fiestas de carácter popular. Claudio Hernández y César Rina son los editores de una obra que pretende demostrar que la España franquista no se edificó únicamente a partir de la dominación física, la sangre y la opresión, sino que también despliega un esfuerzo mayúsculo para tratar de convencer a una sociedad falta de libertades, con la ayuda de lo atrayentes que pudieran resultar las fiestas populares. De este modo, fue capaz de conferir un sentido positivo y amable a su propia existencia.
El mayor interés en el análisis de las fiestas populares posiblemente radica en el hecho de que éstas representan, en un tiempo y en un espacio micro, el orden social modélico tal y como lo conciben sus celebrantes. Sin embargo, la expresión de la jerarquía del orden social reflejado se diluye en el contexto de la fiesta para dar paso a un tiempo de disfrute y encuentro, donde incluso se crean espacios de contestación y se exteriorizan actitudes de escarnio, risa y crítica que son consideradas por las autoridades franquistas de "subversivas".
En la obra se aprecia una evolución general de la fiesta, que parte de unas celebraciones en la inmediata posguerra en las que se perciben escasos rasgos de popularidad, en favor de unas nuevas autoridades que están más atentas a su propia exhibición y a la manifestación de valores católicos y nacionalistas. En esta época, las fiestas populares confluyen (y a veces se confunden) con las celebraciones políticas e historicistas creadas ex novo que trataban de legitimar el Nuevo Estado. Después, lo festivo se bifurca hacia un discurso folclorista que presenta la variedad regional de España. Así, en los años cincuenta y sesenta, con la aparición decisiva del turismo en España, las fiestas se fueron despolitizando y ganaron peso las festividades de carácter popular.
Todas estas consideraciones subyacen en el primer capítulo, firmado por los editores, quienes además ofrecen una propuesta metodológica para investigar el franquismo desde las fiestas populares. El segundo capítulo, a cargo de Gil Manuel Hernández, da cuenta de la limpieza político-ideológica y la censura que experimentan las Fallas de Valencia, lo cual supone la uniformización y reinvención completa de la festividad.
Le sigue un artículo de Francisco Javier Capistegui, que se acerca a los Sanfermines partiendo de la mirada del escritor estadounidense Ernest Hemingway, quien se apropió de la ortodoxia de la fiesta haciéndola cercana a través de sus novelas. A continuación, los editores, nuevamente, abordan la Semana Santa andaluza durante la Guerra Civil y la posguerra apoyándose en los conceptos de nacionalización, recatolización y legitimidad sacropopular, que descubrirían a los franquistas como continuadores de la tradición. Jordi Carrillo, por su parte, se sumerge en las fiestas mayores que veneraban a los santos patronos locales para calibrar si el nivel lúdico-social sobrepasaba al carácter religioso, lo cual haría que la fiesta tuviese un sentido más popular.