Columnas

El partido patriótico y el del siglo

Franquismo, fútbol y propaganda

El franquismo usó de forma continuada el fútbol para cohesionar a la población en torno a un nacionalismo banal fácilmente asumible por toda la sociedad. Recuperamos dos encuentros de la selección nacional celebrados en Andalucía que fueron instrumentalizados por el régimen: "El partido patriótico", celebrado en La Línea de la Concepción coincidiendo con el cierre de la verja de Gibraltar, y "El partido del siglo", alrededor del cual las autoridades franquistas escenificaron la rivalidad política con la Unión Soviética y cuya vuelta tuvo lugar en la ciudad de Sevilla.

CRISTÓBAL VILLALOBOS
ESCRITOR E HISTORIADOR

La selección española con Gibraltar al fondo.

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A Jorge Luis Borges no le gustaba el fútbol, lo veía como una fuente del peor nacionalismo. Para Albert Camus, al que sí le gustaba, la patria era, simplemente, la selección de fútbol. El reconocido historiador Eric Hobsbawm afirmaba que un país, configurado por una comunidad imaginada de millones de personas, parece más real si adopta la forma de un equipo de once personas con nombres y apellidos. 

No resulta extraño, por tanto, que los dictadores hayan usado este deporte de forma habitual para perseguir sus objetivos. Mussolini, Hitler, Stalin, Franco, Pinochet o Videla son solo algunos ejemplos de ello, siendo el italiano el que abrió el camino al aprovecharse de las victorias italianas en los mundiales de 1934 Y 1938.

El franquismo usó el fútbol como somnífero social, a la vez que se servía de él para transmitir un nacionalismo simplón. Algunos autores lo han calificado como banal, fácilmente asumible por la mayoría de la población. De ahí que el régimen se apropiara de las victorias continentales del Real Madrid y de las gestas puntuales de la selección, pero también de los triunfos del Barcelona o de los valores raciales del Athletic de Bilbao. 

Toda dictadura necesita un enemigo exterior ante el que cohesionar a su población. En el caso del franquismo fueron dos: el Reino Unido, por la enemistad finisecular y el contencioso histórico por Gibraltar, y la Unión Soviética, señalada por el régimen como uno de los principales culpables de la Guerra Civil y enemigo, en plena Guerra Fría, de los Estados Unidos, gran aliado del franquismo desde los años cincuenta. 

La victoria contra la "pérfida Albión", el gol de Zarra que derrotó a Inglaterra en el Mundial de Brasil 1950, fue uno de esos grandes momentos en los que la selección ofreció al franquismo la posibilidad de sacar tajada propagandística del balompié. 

En 1964, los ministros Fraga y Solís convencieron al dictador de que organizar en España la fase final de la Copa de Europa de Naciones sería un buen impulso para la celebración de los veinticinco años del régimen. Una forma de presentar ante el mundo un sistema político homologable al resto de países del continente. La URSS llegó a la final y el gol de Marcelino, aparte de darnos nuestro primer gran título, favoreció una enorme victoria ideológica. Paul Preston, en Franco, caudillo de España, afirmó que el dictador, al contemplar el estadio Santiago Bernabéu coreando su nombre, se convenció de la inutilidad de emprender reforma política alguna. 

A la gran primera hazaña de nuestra selección se sucedieron otros momentos en los que la dictadura aprovechó las circunstancias deportivas para movilizar a la sociedad en un alarde nacionalista. Dos de estos partidos, mucho más desconocidos que las victorias antes mencionadas, tuvieron lugar en Andalucía. 

FÚTBOL JUNTO A LA VERJA. Las movilizaciones para reclamar la españolidad de la colonia británica de Gibraltar, arrebatada a la monarquía hispánica tras la Guerra de Sucesión y el tratado de Utrecht, fueron una constante a lo largo de la dictadura de Franco. 

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