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Enfoque

Pasado, presente, futuro

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Los archivos andaluces son nuestro pasado, nuestro presente y nuestro futuro. No solo para historiadores y lectores interesados en la historia, sino también para la ciudadanía. Porque los archivos proporcionan a los ciudadanos del presente las herramientas documentales del pasado para poder defender sus derechos y sus intereses de hoy y de mañana. Quedó muy atrás la imagen del archivo como un lugar en penumbra, envuelto por el polvo de los siglos y las rúbricas de nuestros antepasados. Debemos desterrar la visión del archivo destinado a eruditos, cronistas e investigadores del pasado, que realizan su laborioso trabajo escondidos tras torres de legajos bajo la atenta mirada de los archiveros. En su lugar, debe prevalecer la visión de las salas de consulta de nuestros archivos como espacios abiertos al mundo en los que historiadores especializados en distintas épocas y ciudadanos de a pie leen expedientes y documentos tras haber hecho la consulta de sus fondos online. Quizá, la imagen más acertada del usuario de un archivo en la actualidad sea la de la persona que busca información de carácter histórico o administrativo desde su casa a través de la interfaz del ordenador, gracias al imparable proceso de digitalización de los fondos llevado a cabo en las últimas dos décadas. Sirvan como ejemplo los datos del Archivo Municipal de Córdoba que solo en 2021 atendió 3.912 consultas presenciales y, nada menos, que 288.671 consultas web. Además, visitantes de distinta condición acuden a disfrutar de sus exposiciones temporales de documentos, interactúan con sus redes sociales y navegan por sus webs en busca de novedades. Sea como fuere, sin ellos la revista Andalucía en la Historia no existiría. A los documentos que conservan, organizan, describen y difunden los archiveros —expedientes, normativas, legajos, contratos, testamentos, cartas, fotografías, manuscritos, periódicos, etc.— hace referencia cada uno de los artículos publicados —cerca ya de dos mil— en los veinte años que la revista cumple este mes de enero. Por este motivo, los miembros del Consejo Editorial de la revista, integrado por historiadores de toda Andalucía, tuvieron claro que el número con el que la publicación de la Fundación Centro de Estudios Andaluces iba a alcanzar sus particulares veinte años de historia debía estar dedicado casi íntegramente a ellos, a los archivos y a sus profesionales. Como gratitud por su esfuerzo, a veces poco visible, pero siempre necesario. Archiveras y archiveros cuentan en estas páginas brevemente qué hacen, desde cuándo, por qué, para quién y sobre todo, con qué documentos trabajan. Para que los aficionados a la historia, ustedes lectores, puedan conocer qué tipologías de archivos existen, qué documentos custodian y difunden y cómo se puede acceder a ellos. Lo narran en primera persona, destacan documentos singulares y abordan los retos a los que se enfrentan en un mundo en constante cambio tecnológico y social, con escasos recursos económicos y sometidos a estrictas normativas legales. La limitación de espacio nos ha obligado a seleccionar algunas tipologías y algunos archivos singulares. Faltan otros tantos —archivos de museos, universidades, fundaciones, partidos políticos, asociaciones deportivas y culturales, hospitales, medios de comunicación, diputaciones, etc.—, porque la riqueza del patrimonio documental andaluz es inmensa. Gracias a todos los que escriben en estas páginas con las que Andalucía en la Historia celebra, orgullosa, veinte años de vida. Y, sobre todo, gracias a todos y cada uno de los archiveros que cada día trabajan para traer nuestro pasado al presente, garantizando nuestro futuro.
ALICIA ALMÁRCEGUI ELDUAYEN
DIRECTORA DE ANDALUCÍA EN LA HISTORIA
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