Columnas
Ocurrió hace 100 años

Julio Romero de Torres

Embajador del arte español en Argentina

MARÍA DEL MAR IBÁÑEZ CAMACHO
ARCHIVO HISTÓRICO PROVINCIAL DE CÓRDOBA

En el año en el que se ha cumplido el centenario de la exposición monográfica que Julio Romero de Torres realizó en Buenos Aires recorremos, a través de crónicas y correspondencia, el impacto que causó la obra y personalidad del artista al otro lado del Atlántico. El Museo de Bellas Artes y el Archivo Histórico Provincial de Córdoba han realizado una muestra documental conmemorativa completando un 2022 con exposiciones del pintor en Málaga y Sevilla, que ponen de relieve la vigencia de su figura.

La trayectoria personal y profesional del pintor Julio Romero de Torres estuvo coronada por el éxito. Uno de los hitos de su carrera fue la exposición monográfica que realizó en Buenos Aires, de la que el pasado año se cumplieron cien años. Su proyección mediática hizo de él un personaje con constante presencia en la prensa que sigue aún andanzas a través de artículos y entrevistas. Gracias a esta fuente y a los documentos conservados en su archivo personal y familiar conocemos los detalles que rodearon este acontecimiento artístico.

En su génesis intervienen varios factores, en los que jugaron papel importante familiares que abonan el terreno. En aquel momento las relaciones hispano-argentinas eran quizás las más estrechas que existían con un país latinoamericano. Tras el proceso de independencia, el restablecimiento de los lazos entre la antigua metrópoli y su colonia culminó en la celebración del centenario de la misma en 1910. Los actos escenificaron la reconciliación de ambas partes. Se intensificaron y consolidaron los contactos culturales por otra de modernistas y regeneracionistas, y más íntimamente por la acción de una ingente inmigración española, la cual formaba parte importante entre sus habitantes. También en este período los empresarios coloniales apoyan con entusiasmo la creación de instituciones encaminadas a aquel objetivo de unidad.

La boyante situación económica española se concreta en foco de atracción para quienes quieren labrar allí un futuro. El caudal de riqueza hace de Buenos Aires una gran metrópoli a la europea, con una intensa vida cultural y un movimiento de pensadores y artistas que recorren el Atlántico en ambos sentidos.

La familia cordobesa Romero de Torres tiene fuertes lazos con Argentina, ya que uno de sus miembros se estableció allí. Carlos, el tercero de los hijos del matrimonio formado por Rosario de Torres Delgado y Rafael Romero Barros, nació en la casa familiar de la cordobesa Plaza del Potro en 1867. Al igual que sus hermanos, se formó en la Escuela Provincial de Bellas Artes cuyas instalaciones se ubicaban en el recinto del museo, del que su padre fue conservador y director. Carlos se decantó por la escultura. Así lo acreditan las calificaciones obtenidas en las asignaturas relacionadas con el modelado.

Desconocemos las causas por las que el joven emigró a América, pero hay un dato que aclara algo su partida: a esperar un mes de octubre de 1888, su profesor Enrique Cubero presenta su dimisión para trasladarse al país austral por asuntos relacionados con su patrimonio. Cabe pensar que Cubero fue el punto de unión de Carlos con el Nuevo Mundo. Tal vez el discípulo de inmediato se decidiese a acompañar a su maestro al otro lado del océano. La imagen de tierra de oportunidades puede operar lo animara a dar el salto. Sea como fuere, allí se estableció ejerciendo la enseñanza en un liceo artístico.

No hemos encontrado noticias de que volviera a España, falleciendo en Buenos Aires el 7 de agosto de 1917. Tal certeza se nos ofrece porque sus hermanos Romero decidieron ocultar a la madre el fallecimiento del hijo. Las siguientes siete cartas ficticias llegaban al hogar familiar supuestamente desde Buenos Aires, de manera que en 1920 la madre falleció en la ignorancia del destino corrido por su hijo americano. Se cree que el pintor visitó su tumba durante su estancia en Buenos Aires.

Aparte de esta motivación sentimental, Carlos juega un papel importante en el devenir de la carrera pictórica de Julio como atestigua la carta que le envía a finales de 1920, una vez visto el éxito de la pintura española en la exposición celebrada con motivo de la celebración del Centenario. En ella el hermano mayor, buen conocedor del mercado de arte transocéanico, le anima a salir de su zona de confort y a participar en cuanta exposición internacional se organizó. Siguiendo el consejo, Julio prepara sus obras con destino al Salón de Otoño de París y a la Exposición de Pintura Española de Londres, ambos en 1921. Un año más tarde se premiado con primera medalla en la Exposición Internacional de Munich con Las dos sendas. Sus cuadros llegarán también a Chicago, San Luis y, por supuesto, a Buenos Aires.

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