El libro Magia natural, o ciencia de filosofía oculta, con nuevas noticias de los más profundos misterios y secretos del universo visible, obra del jesuita gaditano Hernando Castrillo (1585-1667), salido en 1649 de la imprenta de Diego Pérez Estupiñán, fue el primer libro impreso en tierras de Huelva, concretamente en la villa de Trigueros. Hubo que esperar nada menos que 180 años, para que viese la luz el segundo libro impreso en la provincia.
Tierra esquinada, carente de especiales tareas administrativas que justificasen un copioso papeleo y de focos intelectuales que escribieran o demandaran libros en número significativo, no hubo imprenta en la actual provincia de Huelva hasta entrado ya el siglo XIX. La primera, según anotó el historiador Diego Díaz-Hierro en su Introducción de la imprenta en Huelva, fue la que instaló Niel en los años del Trienio Liberal, en los que Huelva fue por primera vez designada como capital de provincia. Este Niel, que ya veces firmaba como "ciudadano Niel" según el estilo revolucionario del momento, debió de ser José Niel Niel, que años antes era impresor en Cádiz, habiendo tenido su establecimiento y librería en la calle gaditana del Baluarte.
La producción de la imprenta de Niel era toda de carácter administrativo. Para encontrar el primer impreso que pudiéramos denominar como libro publicado en Huelva tendríamos que acudir al titulado El amor familiar o pequeña colección de poesías dirigidas a sus parientes, obra firmada por Manuel María Sainz y Gómez y editada en 1828 en la imprenta de Garrido, sita en la calle onubense del Monasterio. Era un conjunto de poemas de variada temática y métrica que no destacaba por su calidad y cuyo principal mérito radicaba, según constaba en la portada, en haber sido seleccionado por el célebre poeta sevillano Manuel María del Mármol.
Sin embargo, hubo un curioso precedente de libro publicado en tierras de Huelva, cuya solitaria presencia en el tiempo no implicó la existencia de infraestructura impresora. Se trata de la aparición inesperada, en la villa de Trigueros, del libro Magia natural, o ciencia de filosofía oculta, con nuevas noticias de los más profundos misterios y secretos del universo visible, obra del jesuita gaditano Hernando Castrillo (1585-1667), salida en 1649 de la imprenta de Diego Pérez Estupiñán. En la portada del libro se hacía alusión a que era una primera parte, donde se tratan de los secretos que pertenecen a las partes de la tierra, prometiéndose implícitamente una continuación posterior.
El libro tuvo éxito y de ello dan cuenta dos reediciones póstumas, ambas aparecidas en Madrid en 1692 y 1723, si bien, ante el hecho de que el autor nunca continuó la obra, desapareció en sus respectivas portadas la mención a que era una primera parte y, a cambio, se añadió que en ella se trata de animales, pezes, aves, plantas, flores, yervas, metales, piedras, aguas, semillas, Parayso, montes y valles.
El porqué de la presencia en Trigueros del impresor Diego Pérez Estupiñán tiene que ver con la existencia en la localidad del colegio jesuita de Santa Catalina, en el que se encontraba en esas fechas el padre Hernando Castrillo.
De Diego Pérez Estupiñán, miembro de una familia de impresores andaluces, sabemos que estuvo radicado en Sanlúcar de Barrameda hasta 1646 y desde ese año en Jerez, de modo que solo circunstancialmente pudo pasar por Trigueros. De hecho, no hay ninguna evidencia de que imprimiera en Trigueros más cosas y da la impresión de que trasladó a la villa una imprenta portátil a fin de que el padre Castrillo estuviera más cerca del proceso de edición.
En verdad, el juego de fechas que presenta la edición es bastante prolongado: la censura y la licencia de impresión del texto están firmadas en 1643 y consta que el libro se imprimió en 1647, pues la edición fue cotejada con su original ese año. Con todo, la fecha que reza en la portada es la de 1649. Extraña, en cualquier caso, que el libro estuviera dedicado al duque de Medina Sidonia, señor de la villa, que en esas fechas se encontraba confinado en Valladolid por motivo de su conjura contra la monarquía de Felipe IV y cuya mención era entonces absolutamente incómoda. Debió de ser quien pagara la publicación, pues consta que en ese tiempo ayudó a varias casas religiosas. En cualquier caso, la dedicatoria no nombraba personalmente al duque Gaspar Alonso Pérez de Guzmán, sino que se resolvía en elogios extemporáneos al primer Guzmán el Bueno y su gesto de Tarifa. Las siguientes ediciones aparecerían sin dedicatoria.
El libro tuvo éxito y de ello dieron cuenta dos reediciones póstumas aparecidas en Madrid en 1692 y 1723
En cuanto al contenido de la obra, es uno de los escasos tratados compuestos en España, y en castellano, acerca de un tema de tanta aceptación en la época como el de la magia natural, que Castrillo define como "un arte, o facultad, que obra con virtud natural cosas insólitas, y maravillosas, que exceden la común opinión, e ingenio, de los hombres". En este sentido, la magia natural procedería de las cualidades ocultas de las cosas y se diferenciaría esencialmente de la actuación de la Providencia o de la acción del Demonio. Dividido en seis grandes partes, se analizan en el libro, con el apoyo de numerosas autoridades paganas y cristianas, la sustancia mágica de la naturaleza, la distribución de las tierras, las características del paraíso terrenal y, finalmente, las propiedades de los montes, las plantas y los distintos tipos de piedras. El capítulo XXIII de la sexta parte del libro, por ejemplo, se dedica a tratar "si ay piedras, que sean vivientes, y que puedan moverse azia lo alto con natural movimiento; y si ay entre ellas machos, y hembras, algunas que estén preñadas, con fetos semejantes en su naturaleza".