Columnas

Dos obreros andaluces en el corazón de la Ruta de la Seda

El fin del Imperio: China 1911

Este artículo relata una historia apasionante. La aventura de dos obreros andaluces de la Rio Tinto Company que fueron reclutados en 1910 para trabajar como "expertos extranjeros" en las fundiciones de cobre que el gobierno chino estaba abriendo en la provincia de Gansu, en la última frontera China. Un lugar tan alejado, que es donde hoy China hace sus pruebas nucleares y lanza sus cohetes al espacio. Pudieron pasar de colonizados a colonizadores, pero la suerte no les sonrió. La revolución de 1911 les obligó a huir, recorriendo los abandonados senderos de la Ruta de la Seda hasta alcanzar el Transiberiano.

RAÚL RAMÍREZ RUIZ
UNIVERSIDAD REY JUAN CARLOS

Si viéramos el mundo como lo ven los chinos, en cuyos mapas el océano Pacífico está en el centro, seríamos conscientes de que España y China son los dos extremos de las tierras emergidas. Pese a ello las relaciones entre España y China son antiguas, constantes desde el descubrimiento de América. Por tanto, han ido evolucionando desde la ambición imperial que llegó a soñar con la conquista de China hasta su práctica desaparición en los siglos XIX y XX, caracterizados por historias personales en el vacío institucional.

La aventura que traemos aquí corresponde a esa fase de historias personales, pues vamos a narrar la historia de dos anónimos obreros andaluces que, gracias a su condición de trabajadores especialistas de la Compañía Minera Rio Tinto, se encontraron en uno de esos puntos geográficos que configuran el mundo: el "Corredor de Gansu" donde la Ruta de la Seda entra en territorio chino y termina la Gran Muralla en la Puerta de Jade, el punto más avanzado de Occidente de China. Y en un momento clave de la historia, la Revolución China de 1911 que acabó con más de 2.000 años de sistema "monárquico".

La conjunción de ambas circunstancias obligaría a nuestros protagonistas a huir a pie de China a través de la abandonada Ruta de la Seda hasta alcanzar el tren transiberiano en Rusia y desde allí a España.

Los protagonistas de tal hazaña fueron dos fundidores de cobre de Rio Tinto Company Limited en Nerva, concretamente Manuel Ciadán y José Neto. En el momento de estar en China Manuel Ciadán Ruiz (1873) estaba casado, tenía 37 años y tres hijos pequeños. Contaba con 26 años de servicio en el Departamento de Fundidores Bessemer. Fue un hombre con formación y conciencia social, implicado en las luchas obreras de su época. José Antonio Neto González (1875), tenía 35 años y estaba casado, también contaba con más de 20 años de servicio como peón en los Fundidores Bessemer y carecía de formación.

El responsable directo de su aventura en China fue un ingeniero británico, Charles Hanson, uno de los especialistas que dieron cursos sobre el manejo de convertidores Bessemer al personal nativo. Fue Hanson quien, mediante carta desde China, les ofreció acudir a trabajar a la fundición de cobre que el gobierno provincial de Gansu estaba levantando en la pequeña localidad de Yaokai.

La revolución de 1911 les obligó a huir, recorriendo los abandonados senderos de la Ruta de la Seda hasta alcanzar el Transiberiano y de allí, a España.

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