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Martínez de la Rosa (1787-1862)

El primer liberal moderado

JOSÉ MARÍA MARCO
UNIVERSIDAD PONTIFICIA DE COMILLAS / ICADE

Cuando recordó cómo en febrero de 1822 llegó a la Secretaría de Estado y a presidir el nuevo gobierno de Fernando VII, Martínez de la Rosa apuntó que en los días previos la administración del Estado había quedado "parada y como en suspenso". Las elecciones dieron como resultado una cámara de amplia mayoría exaltada, con divisiones ya abiertas entre la masonería que él mismo llama "regular" y la Sociedad Patriótica de los Comuneros, que aglutinó a los más exaltados de los exaltados. El rey, por su parte, se había mostrado, en general, respetuoso con el texto constitucional tras el éxito -complicado, como es bien sabido— del pronunciamiento de Riego. Sin embargo, para entonces la confianza entre el gobierno y Fernando VII ya estaba rota. Cualquier nuevo gobierno se encontraría por tanto atrapado entre una cámara revolucionaria y un monarca que había hecho saber, y de forma muy pública —por ejemplo, en la famosa coletilla que añadió por sorpresa al discurso de la Corona en la apertura de las Cortes el 1 de marzo de 1821su descontento con el curso de los hechos y el tratamiento que recibía de las Cortes.

No es de extrañar que Fernando VII encontrara dificultades a la hora de elegir a los responsables políticos de la nueva situación. El conde de Toreno se negó a acepar el encargo, y Martínez de la Rosa lo rechazó hasta un día antes de la apertura de las nuevas Cortes. Era una forma de exigir la confianza real, que iba a necesitar más que nunca, dispuesto, como lo estaba, a cumplir su programa de orden y libertad que venía a ser para él la única vía posible de consolidación del régimen liberal. "Aun al menos entendido en materia política no se le podía ocultar cuán ardua empresa era dar fuerza y vigor a un poder que yacía por el suelo, inspirar confianza al partido constitucional respecto de la Corte que había cometido tantos desaciertos y sobre todo gobernar con unas Cortes cuyas intenciones se ostentaban desembozadamente provocativas y hostiles", escribió más tarde.

Francisco Martínez de la Rosa, que alcanzaba así el más alto cargo político de la Monarquía constitucional, había nacido en 1787, 35 años antes, en Granada. Su familia, burguesa e hidalga, se había enriquecido con el comercio. Él mismo recibió una educación esmerada, y pronto se reveló un auténtico niño prodigio. Con 17 años ocupó la cátedra de Ética de la Universidad de Granada. Aunque pronto abandonó la enseñanza, de aquello quedaron al menos dos cosas. Por una parte, una cierta pulcritud intelectual, próxima a las preocupaciones académicas, que se percibe en toda su obra escrita. Por otra, la organización de la enseñanza se convertirá en una de sus primeras preocupaciones políticas.

La sublevación de Madrid en mayo de 1808 había iniciado el levantamiento popular contra la invasión francesa y había puesto en marcha la revolución, con el debate de un texto constitucional por las Cortes reunidas en Cádiz. Martínez de la Rosa se adhirió a la sublevación contra el francés, fue comisionado por su ciudad natal para comprar armas en Gibraltar y acabó saliendo de Granada para instalarse en el Cádiz de las Cortes. Muestra de su patriotismo es el poema Zaragoza, elogio de la heroica resistencia de la ciudad aragonesa. Desde muy temprano, la vocación política fue de la mano con la literaria, en particular la dramática. Así fue como estrenó, en el Cádiz asediado por los franceses, dos obras. Una pieza costumbrista de crítica antiabsolutista, de tono moratiniano, y la otra una tragedia sobre La viuda de Padilla, heroína de aquella "protorrevolución" española, tal como la vieron entonces los liberales y siguieron viéndola, hasta hoy, los progresistas. Años más tarde Martínez de la Rosa mostraría menos entusiasmo y se limitaría a calificar a los comuneros de "respetables".

Trienio liberal

Desde muy temprano, una corriente del liberalismo español se esfuerza por convencer a la opinión de que la única forma de instaurar un régimen nuevo de libertades es mediante el respeto H de la ley y el orden. El grupo acabará llamándose el Partido Moderado y a él se debe buena parte de la arquitectura del Estado moderno español y de sus instituciones. Francisco Martínez de la Rosa (1787-1862), granadino, ha sido llamado, justamente, el primer moderado español. Intentó aplicar sus ideas durante el Trienio Liberal y luego promulgó el Estatuto Real, que acabó definitivamente con el Antiguo Régimen en nuestro país.

Francisco Martínez de la Rosa. Copia realizada por Gabriel Maureta y Aracil inspirada en la litografía original de Federico de Madrazo. Hacia 1881.

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En 1820 el ardor revolucionario se había enfriado para Martínez de la Rosa, quien formaba parte del grupo de mayor edad de entre los liberales que había visto de cerca la revolución y sus peligros

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