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El templo de la memoria de ultramar

Sevilla, 14 de octubre de 1785

EVA DÍAZ PÉREZ
ESCRITORA Y PERIODISTA

El cosmógrafo de Indias Juan Bautista Muñoz fue el encargado de convertir la antigua Casa Lonja de Mercaderes de Sevilla en el colosal Archivo de Indias. El ministro de Indias José de Gálvez impulsó una hazaña de la modernidad al reunir todos los documentos de la conquista española para luchar contra la Leyenda Negra.

Son las cinco menos cuarto de la tarComercio de Sevilla las veinticuatro carretas procedentes de Simancas. Los mozos comienzan a descargar los más de doscientos cajones recubiertos de hule que han atravesado la Sierra de Guadarrama y la de Despeñaperros. En el último trecho, ya entre La Carolina, Córdoba y Ecija tuvieron problemas con algunas mulas que hubo que desenganchar y dejar a su suerte malheridas y agotadas. Luego se repartió el peso, que era de 1909 arrobas de papel de hilo y tinta de agallas. Toda la memoria del imperio español...

El oficial Francisco Ortiz de Solórzano recibe el cargamento que tan trabajosamente ha llegado desde el Archivo de Simancas y anota: "Sin noticia ni aviso anterior alguno, llegaron a la Casa Lonja de esta ciudad de Sevilla los carros de papeles". En marzo se recibieron los documentos del Archivo de la Contratación de Cádiz que también servirán para reconstruir la historia colonial española. Aún no han sido ordenados a la espera de completar todos los cargamentos. Si abriéramos los cajones en los que se guardan, podríamos descubrir listas de pasajeros a las Indias, inventarios de cargamentos, licencias de esclavos, libros de asiento y de tesorería, testamentos... Además, llegaron del Archivo del Seminario de San Telmo papeles con noticias sobre pilotos y maestres de la antigua Universidad de Mareantes. Todo lo que ha atravesado los mapas de ultramar en siglos.

Los papeles de Simancas vienen sin orden ni inventarios. Un desastre que el cosmógrafo mayor de Indias, Juan Bautista Muñoz, intentará resolver elaborando una organización que será la admiración de Europa. Pero esta tarde de octubre de 1785 aún está todo revuelto y desordenado. Un caos de la memoria. Como si todos los sueños y pesadillas del imperio español estuvieran envueltos en una maraña imposible de desenredar.

Hace más de un año Juan Bautista Muñoz había llegado a Sevilla en visita de inspección por orden del todopoderoso José de Cálvez, ministro de Indias de Carlos III. El proyecto es colosal: organizar toda la documentación histórica de América y Asia. Conservar en un repositorio de varios siglos. Cuando Muñoz llega a Sevilla aún se barajan varios lugares como posibles sedes para este futuro Archivo de Indias. Incluso se ha pensado en que todo podría quedarse en el Archivo de Simancas después de realizar una ampliación del edificio de Valladolid. Pero precisamente el cosmógrafo mayor de Indias ha visitado Simancas para consultar documentos y conoce el desorden que existe allí. Decididamente hay que crear un archivo nuevo con la suma de todos.

Con nuestra herramienta virtual del tiempo nos situamos ahora en la mañana del 15 de febrero de 1784 en la que Juan Bautista Muñoz llega a Sevilla. Viene siguiendo las órdenes del ministro José de Gálvez y también la tarea de elaborar una gran obra, su Historia del Nuevo Mundo. Es un libro que es casi una misión de Estado. Carlos III ha impedido la distribución de libros extranjeros en los que se difunde una controvertida versión sobre la conquista española. Por toda Europa corren obras como Historia de las dos Indias, del abate Raynal, y la Historia de América, de William Robertson. Dos libros que se inscriben en la clásica galería de la leyenda negra española. Dos nuevas aportaciones de los países enemigos para boicotear la gloria histórica de un imperio que en este siglo XVIII ya navega en las aguas de la decadencia, pero que sigue siendo una potencia naval. Aún falta para los desastres de Trafalgar con los que se inaugurará el siglo siguiente, el de las grandes pérdidas y las nostalgias.

Por ese motivo, Juan Bautista Muñoz ha recibido el doble encargo de escribir ese libro con documentación auténtica y además abrir el camino a ese gran fondo de la historia española que será el Archivo de Indias, una asombrosa empresa de la memoria. Frente a los libros elaborados a partir de leyendas llenas de sombras y sin rigurosidad documental, Muñoz pretende escribir una obra basada en las fuentes originales. Por eso, su estancia en Sevilla será una prodigiosa epopeya libresca que le llevará a consultar los papeles americanos que se encuentran dispersos por las bibliotecas de conventos, iglesias y particulares. Una de las bibliotecas más sorprendentes es la del conde del Águila, Miguel Espinosa Maldonado y Tello de Guzmán. Desgraciadamente, Muñoz no conocerá la famosa tertulia ilustrada del bibliófilo porque el conde acaba de fallecer cuando él llega a Sevilla. Aunque sí podrá consultar los valiosos libros de esa biblioteca privada que está considerada una de las más importantes de su tiempo.

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