Cuando en 1776 las 13 repúblicas rebeldes americanas del Reino Unido declaran la indepenencia de su metrópoli se inicia el camino del país que hoy conocemos como los Estados Unidos de América. Pocos años después el que luego será su presidente, Thomas Jefferson, uno de los que firma la Declaración de Independencia, nombrará al primer cónsul en España, concremente en Cádiz, a la par de Bilbao, en 1790. Y es que los "nuevos" norteamericanos se aprovecharon de su neutralidad en las guerras napoleónicas para continuar con su comercio atlántico y mediterráneo, usando el puerto de Cádiz como una de las escalas imprescindibles en la carga y descarga de mercadurías y personas. En este artículo hablamos también de otros vínculos con Cádiz, como el apoyo español al proceso de independencia de EE.UU.
Aunque hasta 1778 Cádiz había sido el único puerto del territorio español peninsular con monopolio para comerciar con los territorios de Ultramar del Reino de España, su influencia no decayó de una manera directa cuando se liberalizó el comercio americano con el resto de puertos españoles. Siguió funcionando de una manera activa como ciudad y puerto de llegada y salida de las personas y mercancías tanto hacia la propia España peninsular como a los territorios americanos y del Pacífico español.
En un periodo bélico —la Revolución Francesa y la Guerra de la Convención con los franceses en el norte de la peninsula, la Guerra anglo-española de finales del siglo XVIII y principios del XIX y la posterior Guerra de Independencia española contra el invasor napoleónico— la situación comercial no era la más tranquila. Lo mejor para los intereses comerciales era mantenerse neutral. Y eso es lo que hicieron los buques que, con el nuevo pabellón norteamericano de barras y estrellas, llegaban a los puertos europeos, en general, y al de Cádiz, en particular.
Gracias a esto, los nuevos "norteamericanos" ampliaron de manera considerable, con diferentes acuerdos comerciales entre otros con España, su negocio comercial de exportación de cereales y productos agrícolas. Esto supuso un alivio importantísimo a una España sitiada por las tropas napoleónicas que, salvando los bloqueos marítimos de los corsarios franceses e ingleses, contaba con "harinas frescas y sin averías" en una Cádiz sitiada por las tropas de Napoleón. Además los productos de exportación españoles vinos, sal y productos agrícolas en generalfueron enviados en gran número a los mercados americanos con barcos con pabellón norteamericano.
Será Jefferson el que defienda un sistema consular al estilo francés, para que en los puertos más destacados existiera la figura del cónsul, de tal forma que este sistema se mantuviese con los beneficios del propio comercio con las tasas cobradas a los navíos norteamericanos en la entrada a cada puerto. Así, a principios del siglo XIX en Europa había hasta 165 representantes de EE.UU., entre cónsules y agentes consulares.
El primero cónsul que Jefferson nombra en Cádiz fue Richard Harrison, en 1790. De esta manera, Cádiz junto con Bilbao, fueron los primeros consulados registrados y nombrados de los Estados Unidos en España. Junto a Málaga, Alicante, Tenerife, Barcelona, Madrid y Santander consitutirían las ocho oficinas consulares creadas por los Estados Unidos en España durante los primeros treinta años del siglo XIX.
UN CÓNSUL DE ROTA. El primer cónsul norteamericano, Richard Harrison, del que tenemos su declaración de última voluntad en el Archivo Histórico Provincial de Cádiz, se denomina "inglés americano". Harrison solo estuvo dos años en el cargo, siendo sustituido por un ciudadano español, vecino de la villa de Rota, de nombre José Iznardi. Este roteño ostentó el cargo hasta la fecha de su muerte en 1815, con un impás de unos años en el que su hijo también desempeño el cargo de cónsul.
El que fuera designado este ciudadano español como representante de los intereses norteamericanos puede obedecer a que Iznardi fue un potentado comerciante y propietario de haciendas rústicas y urbanas en la villa de Rota y otras localidades. Y también a los negocios que mantenía con los Estados Unidos, centrados en la venta y exportación de vinos de la zona jerezana y de "vinos de tintilla" de Rota. Existe corespondencia directa de Iznardi con Thomas Jefferson en los Archivos de Estados Unidos -sección documentos de los Fundadores— en los que Iznardi remite botas de media pipa de vino de tintilla y también de vinos del Condado (de Huelva).
Certificado del cónsul de Estados Unidos en Cádiz, indicando que María García y sus hijos, detenidos en la puerta del mar de Cádiz, son la mujer e hijos de Felix Merino, secretario del consulado a su cargo. Lo rubrica el cónsul Ricardo Hackley (28 de febrero de 1811).
El consulado gaditano tuvo en sus primeros años periodos de inestabilidad en el cargo y en el propio funcionamiento debido a que, según las quejas de comerciantes y capitanes de barcos norteamericanos, el cónsul Izarndi no solía encontrarse en la ciudad de Cádiz, sino que gran parte de su tiempo residía en su domicilio roteño, gestionando desde allí el consulado, cuestión que no estaba permitida según la legislación al respecto. Pero la buena amistad con Jefferson permitió que Iznardi se mantuviera como cónsul hasta el final de sus días.
Como decíamos, Cádiz en los años del sitio y el bloqueo naval napoleónico sufría, como es lógico, carencias de alimentos. De este modo, los norteamericanos principalmente se ocuparon de exportar a Cádiz harina, trigo y arroz, productos que se pagaban a buen precio en las costas atlánticas americanas de Filadelfia o Baltimore.