Mirar un mapa antiguo nos pone el ojo en la historia. Refleja la visión del espacio geográfico y la capacidad técnica para construirlo en otros tiempos, representa la percepción que se tenía de las costas, relieves, ríos y otros accidentes, desentraña la organización del territorio y distribución del poblamiento, informa de la toponimia que se empleaba, e ilustra la riqueza artística de la cartografía antigua, denotando múltiples facetas políticas, sociales y culturales. Así sucede al contemplar el espléndido mapa de Andalucía del cartógrafo italiano Giacomo Cantelli publicado a finales del siglo XVII, en el que ciencia y arte corren de la mano.
Mapa de Li Regni di Granata è d'Andalucia, delineado por Giacomo Cantelli da Vignola y grabado por Antonio Barbey, Roma, 1696.
Portada del Mercurio geográfico, atlas en que se incluyó este mapa.
En 1696 está fechado el gran mapa titulado Li Regni di Granata è d'Andalucia, obra que marca un hito en la cartografía antigua andaluza por cuanto constituye la representación impresa del conjunto de la actual Andalucía de mayor tamaño y escala de las publicadas durante la Edad Moderna, con un nivel de información superior al de cualquier otro mapa de la región estampado en la época y una calidad artística, además, que lo convierten en una pieza particularmente notable.
Compuesto por dos hojas que desarrollan casi un metro de anchura, el mapa está firmado por Giacomo Cantelli da Vignola (1643-1695), prolífico cartógrafo y "geógrafo del duque de Módena" que destaca como uno de los protagonistas de la renovación de la cartografía italiana en la segunda mitad del siglo XVII. Se incluyó en el Mercurio geografico overo Guida geografica in tutte le parti del Mondo, ambiciosa obra promovida por Gio. Giacomo de Rossi y sus sucesores, titulares de la principal casa editorial de grabados y mapas de Roma, iniciada a partir de 1669 hasta completar dos tomos con un total de 127 mapas, aumentados luego con algunos añadidos. La mayoría, como el de Andalucía, fueron delineados por Cantelli y grabados por los mejores artífices activos por entonces en la Ciudad Eterna, como Antonio Barbey, grabador de orígenes flamencos y autor de la magnífica incisión del mapa andaluz y de muchos otros.
El Mercurio geografico se ha considerado el primer atlas mundial moderno publicado en Italia por su sistemática presentación de los cuatro continentes reconocidos en su tiempo, el homogéneo tratamiento gráfico de sus estampas y su exclusiva composición a base de mapas, a diferencia de otros atlas italianos anteriores de contenido más irregular o en los que el texto primaba sobre la cartografía.
Es un atlas generalista y erudito, cuyo título dedicado al dios del comercio y los viajes invoca su utilidad para los intercambios y el desplazamiento, según recalcaba una guía impresa con índices de lugares del atlas donde se afirma que con sus mapas se podían determinar "sus localizaciones y distancias para tomar las medidas adecuadas a la hora de emprender los viajes, así como adoptar las decisiones más idóneas y rentables para alcanzar los fines que con ellos se persigan".
Los propósitos de conocimiento y uso práctico se compaginan con el gran formato, refinada elaboración y esmerada estampación de esta lujosa edición destinada a un público elitista, cuyo éxito atestiguaron sus repetidas tiradas y su presencia en las principales bibliotecas. Un atlas, en definitiva, que supone una de las mejores aportaciones italianas en la línea de las grandes producciones editoriales, holandesas y francesas sobre todo, que entre mediados de los siglos XVII y XVIII llevaron a su máximo esplendor la unión de la ciencia y el arte en la cartografía.