Más allá del tradicional periodismo político que conservará su predominio durante toda la Restauración, poco a poco, la prensa moderada fue incorporando nuevos temas y enfoques como estrategia para atraer a más lectores. Uno de ellos fueron las crónicas de sucesos que, a día de hoy, entendidas como fuente histórica, nos permiten acceder a la vida cotidiana protagonizada por las clases sociales tradicionalmente silenciadas por la historiografía. En el caso de Málaga, fue el rotativo La Unión Mercantil (1886-1923), ejemplo de diario burgués de marcado carácter empresarial y el más importante de la ciudad en sus 50 años de existencia, el más destacado en la publicación de ese tipo de informaciones.
El pulso diario de la Andalucía de finales del siglo XIX y comienzos del XX muestra la imagen dinámica y enérgica de una sociedad en transformación, donde tradición y modernidad establecen un diálogo que conformará la entrada en el nuevo siglo. Aún tratándose de un proceso general, Malaga, ciudad abierta y líder en el proceso de industrialización de la región, es uno de los máximos exponentes. En esta ciudad portuaria y cosmopolita viven su vida personas que inician el día con el propósito de cumplir su jornada laboral —necesaria para ganar el sustento—, pasear por sus calles, encontrarse con amistades en los lugares de socialización acostumbrados -bares, tabernas, etc.—, y comprar productos diversos para terminar el mismo con los rituales de descanso comunes. Esta rutina conforma la normalidad ante la cual no podemos obviar, por desacostumbrado o por su incidencia excepcional si solo valoramos los casos individuales, que se podía ver alterada y el conjunto de estas disrupciones también formaban parte de la realidad habitual malagueña.
Para aproximarnos a esta cara más oscura de la ciudad mediterránea contamos, aparte de las crónicas judiciales y los archivos generados por los órganos de justicia en el desempeño de sus funciones, con otra fuente histórica que nos ofrece una panorámica ampliada de la vida cotidiana al incluir sus tonos grises: las noticias de sucesos que la llamada nueva prensa moderna va a comenzar a ir incorporando dentro de su estrategia de atraer al lector con informaciones diversas y de interés, más allá del tradicional periodismo político que conservará su predominio durante toda la Restauración.
Esta nueva forma de hacer periodismo, junto a su organización como empresas que buscaban el beneficio económico y la supervivencia más allá de servir a los intereses de partidos políticos o algún candidato en particular, representaba un soplo de aire fresco que hoy nos permite acceder a protagonistas de clases sociales tradicionalmente silenciados por la historiografía. En el caso de Málaga contamos con un testigo de excepción: La Unión Mercantil, ejemplo de diario burgués nacido del germen del Círculo de la Unión Mercantil, destacando en su creación las figuras del empresario catalán José Creixell Olivella y el periodista malagueño Antonio Fernández y García. Su marcado carácter empresarial y la heterogeneidad de sus informaciones le permitieron ganarse el favor del público, mayoritariamente entre la burguesía media, convirtiéndose en el diario más importante de la ciudad a lo largo de sus 50 años de existencia.
En el desarrollo de la estrategia de este diario, que vio la luz el dos de enero de 1886, destaca la inclusión de informaciones de sucesos de diversa extensión y amplio espectro hasta el punto de convertirse en una constante que se verá incrementada con el paso de los años, confirmando su aceptación por parte del público lector. No por casualidad entre finales del siglo XIX y principios del XX las informaciones de sucesos alcanzaron protagonismo en los periódicos europeos, norteamericanos y españoles. El Imparcial (1867-1933), El Liberal (1879-1939) y El País (1887-1921) siguieron las huellas de la revista norteamericana The Police Gazette (1845-1977) y de la publicación española Los Sucesos (1882-1885), editada en Madrid.
El sesgo negativo que acompaña las reseñas de esta temática en La Unión Mercantil Y, desde 1909, en su semanario gráfico La Unión Ilustrada, que mantuvo sus grandes tiradas hasta 1931, no nos impide sentir el latido de una sociedad convulsionada; al contrario, nos aproxima a sus sombras para conseguir una fotografía más próxima a la compleja realidad de la sociedad malagueña de la Restauración.
Un conjunto social que no asiste a un cambio de siglo plácido, en el que la tensión se extiende alimentada por la cuestión social y las diferencias de clase. La manifestación de lo que venimos hablando es el uso de la violencia ante la inexistencia de mecanismos que puedan solucionar las resistencias inherentes a cualquier cambio estructural, más aún cuando concurre parejo un cambio de mentalidad.
Cabecera de La Unión Mercantil, 13 de agosto de 1913.